CORDÓPOLIS
La escritora e historiadora presenta este jueves en el Círculo de la Amistad su nueva novela La escritora sevillana Andrea D. Morales regresa a la novela histórica con La duquesa bastarda , una obra ambientada en la corte de Alfonso X que mezcla intrigas políticas, luchas sucesorias y la mirada femenina sobre una época marcada por el conflicto. La autora presentará el libro este jueves en el Círculo de la Amistad de Córdoba. Especializada en historia de género y apasionada del período medieval, la autora de La biblioteca de Córdoba , una novela sobre la vida de Lubna, se cambia de reinado medieval para abordar la historia de Matilde, una mujer extranjera que debe abrirse camino en una corte hostil mientras alrededor se desata la crisis sucesoria del reinado de Alfonso X el Sabio. La novela aborda cuestiones como el poder, las alianzas entre mujeres y el papel femenino en la Edad Media. En esta entrevista, la autora reflexiona sobre la construcción histórica de las mujeres medievales, desmonta algunos tópicos asociados a la bastardía y reivindica la necesidad de rescatar voces femeninas tradicionalmente relegadas por la historiografía. PREGUNTA (P.). ¿Cómo nace La duquesa bastarda ? RESPUESTA (R.). Tenía muy clara la idea de que quería hablar sobre el papel de la mujer en época medieval y también sobre el concepto de bastardía, que era algo que me interesaba mucho y que no había podido tratar antes porque como tal no existía en al-Ándalus. Sobre todo, quería hablar de mujeres extranjeras aquí, en la corte. Del desamparo que se puede llegar a sentir, de la barrera del idioma y lo difícil que es de sortear, y más en esos tiempos, que ahora tenemos Google Translator. Eso me obligaba a desplazarme a los reinos cristianos y la corte de Alfonso X era perfecta para ambientarla. P. ¿Qué te atraía especialmente de esa época? R. Era un período que ya conocía bien por mis estudios de Historia Medieval. Durante el máster profundicé bastante en la crisis sucesoria de Alfonso X y tenía muchas bases ya asentadas. Además, es una etapa llena de tensiones políticas, conspiraciones cortesanas y luchas de poder que me parecían muy atractivas para el lector. P. Alfonso X es recordado como “el Sabio”, pero la novela se sitúa en un momento bastante oscuro de su reinado. R. Sí. Evidentemente, se ganó ese sobrenombre por su enorme labor cultural, legislativa e historiográfica, pero en este momento concreto atraviesa una etapa muy complicada. Sus aspiraciones imperiales fracasan, el reino vive una enorme crisis política y además tiene el conflicto familiar con su hijo Sancho, con el que estaba peleado, lo que le casaba una enorme angustia. Al final se muere un dolor inmenso en su corazón de padre. P. La bastardía ocupa un lugar central en la novela. Es cierto que es algo que tiene un punto muy novelesco o cinematográfico, ¿Cómo la abordas tú? R. Hoy utilizamos el término “bastardo” de manera muy peyorativa, casi como un insulto, pero la Edad Media está llena de bastardos, hombres y mujeres, y muchos de ellos reconocidos. Entonces, para mí, primaba dar esa imagen real y veraz de que existían muchísimos bastardos, muchos reconocidos, y que algunos tenían una posición muy privilegiada. De que entonces no existía esta tendencia a alejarlos de la sociedad o a tratarlos como parias. Es un poco similar a lo de Jon Snow en Juego de Tronos , había bastardos muy bien posicionados, insertados dentro de la familia y que reciben prácticamente el mismo trato que sus hermanos. Siempre digo que el caso más ejemplarizante de esto es que, precisamente, Alfonso X trae muchísimos bastardos, muchísima progenie extramatrimonial, y que su hija favorita es Beatriz, que es bastarda. Ella, encima, llega a ser reina de Portugal. En la Edad Media, nadie podía ser feminista en el sentido actual del término P. La novela mezcla política e intriga personal. R. Sí, porque, por un lado, está toda la lucha política por el poder, las lealtades cambiantes y las conspiraciones cortesanas, pero también está la parte más íntima de Matilde. Ella llega como segunda esposa a un entorno hostil, siente constantemente la sombra de la primera mujer de su marido y además tiene problemas con su entorno más cercano. P. Dentro de las mujeres fuertes de Andrea de Morales, ¿qué lugar ocuparía esta duquesa bastarda? R. Oh, pues no sabría decirte. Bueno, es que yo creo que Matilde tiene una evolución maravillosa, apenas se la reconoce entre el principio y el final. Es un personaje al que le tengo muchísimo cariño, eso sí, y, prácticamente, es la novela que más he disfrutado escribiendo. P. Lo que sí está claro es que te gusta buscar personajes femeninos fuertes en épocas en las que las mujeres solían ser invisibilizadas, que no invisibles. R. Eso es una constante en mi trabajo. El hecho de haberme especializado en historia de género hace que siempre tenga la mirada puesta en esas mujeres que han sido menospreciadas o directamente olvidadas. Tenemos una idea muy equivocada de la mujer medieval, como si estuviera encerrada en casa, criando a la progenie o haciendo las tareas del hogar, y poco más. Y nada más lejos de la realidad, estaban en todos los estratos sociales, en todos los ámbitos, y me gusta resaltar eso, y que la gente también pueda encontrarse en las mujeres medievales y ver que hay similitudes con la actualidad. P. ¿Cree que estos tópicos tienen que ver con que la historia se ha contado tradicionalmente desde una mirada masculina? R. Totalmente. Durante siglos la historia la escribieron sobre todo hombres y eso ha condicionado mucho el relato. Por suerte, desde la historia de género se está haciendo un trabajo muy importante para rescatar voces femeninas olvidadas y devolverles su espacio. P. Aunque a los historiadores -ni a mí personalmente- os gusta el presentismo, ¿diría que Matilde es feminista? R. No, porque creo que en la Edad Media nadie podía ser feminista en el sentido actual del término. El feminismo implica una concepción de igualdad entre hombres y mujeres que entonces no existía. Pero sí creo que muchas mujeres medievales eran conscientes de sus capacidades y de que podían hacer mucho más de lo que la sociedad esperaba de ellas. P. ¿Existía entonces algo parecido a la sororidad? R. Sí, completamente. Había redes de apoyo muy fuertes entre mujeres. Compartían experiencias comunes, desde la maternidad hasta situaciones de violencia o vulnerabilidad, y eso generaba vínculos muy profundos. Tenemos bastante documentación que demuestra cómo esas redes existían tanto entre las élites como entre las mujeres del pueblo.
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