ABC
Cualquier aprendiz de psicoanalista se pondría las botas con las reacciones del Gobierno de la nación –y allegados– al doble crimen de Huelva. Desde la ausencia clamorosa del gabinete en el sepelio de Germán y Jerónimo hasta el «accidente laboral» con el que asimiló María Jesús Montero sus muertes en acto de servicio, son infinitas las culposas negaciones de la realidad de los ministros y sus terminales mediáticas. La mejor manera de no afrontar una responsabilidad, y vaya si tienen responsabilidad en estas dos muertes (y en las dos de Barbate), es fingir que no ha pasado nada: el autoindulgente cinismo del avestruz. Sin embargo, el inconsciente freudiano no ha intervenido en la sucesión de desprecios a los fallecidos que... Ver Más
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