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'Iron Maiden: Burning Ambition', una mirada superficial a los dioses del heavy metal | Collector
'Iron Maiden: Burning Ambition', una mirada superficial a los dioses del heavy metal
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'Iron Maiden: Burning Ambition', una mirada superficial a los dioses del heavy metal

Malcolm Venville y David Teague, director y guionista de 'Iron Maiden: Burning Ambition' , deberían haber intentado hacer más justicia al título de este documental que se estrena el próximo viernes 15 de mayo en cines. Porque de ambicioso, tiene muy poco. Es un producto audiovisual entretenido, que disfrutará el público casual que quiera sumergirse durante dos horas en la historia del grupo que marcó el rumbo del heavy metal , pero a los fans y a los buenos conocedores les dejará fríos. El recorrido del filme en pantalla grande se antoja, así pues, bastante anecdótico. Porque ¿quiénes van a comprar una entrada para verlo, si no son los fans? Los que lo hagan se van a encontrar una narración sin sorpresas, en la que todo lo que se cuenta ya estaba dicho, que no profundiza en las distintas personalidades de los miembros del grupo, ni en las razones que los llevaron a dedicarse al heavy, ni siquiera en relatar cómo fueron los primeros pasos de la formación. De hecho arranca ya con Paul Di'Anno como cantante, obviando que antes de él hubo otros dos: Dennis Wilcock y el fundador Paul Mario Day, quien para más inri falleció el año pasado. Razón extra para dedicarle aunque fuese unos pírricos segundos de metraje. Por todo esto, y teniendo en cuenta la estructura cronológica y visualmente lineal del documental, parece más una producción destinada a las plataformas de streaming, a la visualización casual, como decíamos. Porque no es solo que 'Iron Maiden: Burning Ambition' no aporte gran cosa a nivel pedagógico ni narrativo, es que no llega a tocar la fibra sensible más allá de un par de instantes, y el despliegue audiovisual en las partes de actuaciones en directo tampoco es que dé para montar fiestas 'jevatas' en la sala de proyección. La primera parte se centra en el ascenso de popularidad de la banda con Di'Anno , un vocalista tremendamente carismático pero igualmente problemático por sus adicciones. Él también ha fallecido ya (en 2024) y quizá por eso el documental solo saca el tema de las de drogas cuando habla de él. Y eso es cargarle a un muerto el muerto de la polémica, detalle feo porque, sí, él se metía más que el resto del grupo junto, pero no cuela que no apareciesen por aquí y allá en otros momentos de su carrera. En un admirable ejercicio de honestidad, fue el propio Di'Anno quien se apartó dejando el grupo para que sus compañeros pudiesen cumplir sus metas sin el lastre de un adicto, y es ahí donde empieza la primera era dorada de Iron Maiden: los ochenta. Con la entrada de Bruce Dickinson, un tipo ordenado y tan ambicioso como el bajista y líder espiritual del grupo Steve Harris (de ahí debe venir el títlo del documental) al micrófono, sus discos se vendieron como churros a ambos lados del Atlántico, empezaron a hacer giras mundiales llenando estadios con decenas de miles de personas e incluso atravesaron el Telón de Acero haciendo una gira por la Polonia pro-soviética, hito ampliamente recogido en la película con una anécdota impagable: en un descanso, los Iron Maiden se fueron a dar un paseo por la ciudad de turno, se colaron en una boda y acabaron tocando una versión del 'Smoke on the water' de Deep Purple para sus invitados. Pero entonces llegaron los noventa, la caída en desgracia. Primero fue por la irrupción del grunge, que los dejó como antiguallas sin interés para la juventud (uno de las pocas revelaciones de altura del documental es que les ofrecieron a Nirvana ser sus teloneros, pero les dijeron que no por ser «demasiado viejos»), después por la marcha de Dickinson para emprender una carrera en solitario, y por último, su controvertida sustitución con Blaze Bailey , un tipo que se comió el mayor marrón que un artista puede comerse en la escena metal: tener que reemplazar a un irreemplazable. El cúmulo de adversidades llevó a Iron Maiden a tocar ante audiencias diez, o incluso cien veces menores a las que iban a verles en el década anterior. Y a Dickinson tampoco le fue bien. Como no hay nada mejor que darse un batacazo para apreciar lo que uno tenía,volvieron a juntarse y así arrancó la segunda era dorada de la banda, que dura hasta hoy. Uno de los atractivos que tiene 'Burning Ambition' es el análisis de la figura de Eddie, el monstruíto que hace de imagen de marca de los Maiden, como elemento clave de su éxito. Lo explica de forma especialmente lúcida Chuck D de Public Enemy , una de las 'cabezas parlantes' de relumbrón que desfilan por el documental: Scott Ian de Anthrax, Lars Ulrich de Metallica, Tom Morello de Rage Against The Machine, Gene Simmons de Kiss y nuestro Javier Bardem. Pero o no se les hicieron las preguntas correctas o no tuvieron su día más locuaz, porque solo los dos últimos tienen momentos memorables. Simmons, al recordar qué fue del grunge con una sorna que arranca la carcajada, y el actor español, al explicar que posiblemente, su ateísmo nació el día que acusaron a Iron Maiden de satanistas. También intervienen fans anónimos de todo el mundo, todos ellos soltando un topicazo tras otro, pero sí hay una seguidora que, por fin, llena la pantalla de emoción: una mujer libanesa que cuenta qué significó para ella el disco 'Fear of the Dark' tras haber vivido la primera invasión por parte de Israel, en un testimonio hoy muy valioso por razones obvias. 'Burning Ambition' tiene muchos defectos y descuidos, es complaciente hasta el punto de dejar fuera los sucesos más desagradables de la historia del grupo (como la muerte de dos fans en el festival de Donington de 1988) y aunque cuenta todo lo que se necesita saber sobre Iron Maiden, la banda más grande de la historia del heavy metal merecía un documental más ambicioso, sobre todo si iba a pasar por los cines.

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