ABC
Esta es la selección que han hecho los críticos de ABC de los discos que se han publicado esta semana. Incluso con los ojos cerrados podemos visualizar a la perfección las muecas y gestos que dibuja la boca de la cantante catalana para dar forma al variadísimo repertorio de timbres, texturas, sonrisas y resonancias que adopta su voz privilegiada. Reaparece Silvia y lo hace con un disco que se desdobla de forma dual. A través de 15 cortes, abraza dos mundos en uno en el que ya es su 10º trabajo. Un trabajo que incluso antes de su salida oficial ha cosechado ovaciones en espacios emblemáticos que van desde el Teatro Real hasta el Liceu. Se mantienen algunos elementos de la fórmula que siempre le ha funcionado: varios idiomas, cuerdas y metales delicados, y un afán de investigación que no pierde la brújula de la tradición. Y sin embargo, Cruz parece no necesitar tanto ringorrango melódico para transmitir su mensaje. Más sútil, más lineal convence con 'menos' en este nuevo muestrario de canciones originales. Si no sabes por dónde empezar, adéntrate en 'El golpe bajo', 'La perla' pero para mayores. No ha tenido prisa en debutar como solista Olof Dreijer, fundador junto a su hermana Karin de The Knife y suministrador ocasional de canciones y remezclas para propios y extraños. Hasta ahí, bien. De repente, mal. Lo que Dreijer mete en el jarrón de este 'Loud Bloom' es una colección de pistas de baile, descoyuntado, para no variar el patrón de su dúo, que pecan de la uniformidad con la que topa un oyente que previamente se había dejado engañar por la variedad de flores, hasta una camelia de plástico hay por ahí, que dan título a cada una de las canciones. Conceptual en apariencia, aburrido en esencia. Lo que promete 'Acuye', osado latinajo contrahecho en Suecia, se va quedando en nada según avanza un álbum que lejos de explorar el campo de la sinestesia y de dotar a cada flor de su propia fragancia sonora, latitud y longitud, geografía de la primavera, las empaqueta y estandariza con el mismo esfuerzo que pone un obrero en la cadena de montaje. Decía esta humilde criticona, tras el anterior trabajo del dúo de Ohio, que no sabía cuántos intentos más de experimentos íbamos a pasarles, porque desde 'Turn Blue' (2014) -que era un discazo pese a salirse del raíl- la deriva montañarrusera había sido evidente. Pues bien, parece que Auerbach y Carney han escuchado nuestras plegarias. En 'Peaches!' recuperan su esencia rocanrolera más pura. El clásico sureño se hace mantra a lo largo de sus pistas, el rincón seguro en el que siempre fueron genios. Son apenas diez temas rescatados del cajón de la fama del blues-rock que se llevan a su terreno, como dos amigos disfrutando un domingo en el garaje de su barrio residencial yanqui. 'Stop Arguing Over Me', la segunda canción tras una más profunda apertura de disco, nos lleva directamente a aquellos riffs pre 'El Camino' donde no tienen rival. Rock de carreteras infinitas, de paisajes anaranjados y un sol de justicia que te dan ganas de comprarte una Harley y un chaleco de cuero. Dentro de ese 'leitmotiv' de guitarras con sus acompañantes en formación clásica, que en algún momento puede parecer monótono, está la genialidad de haber elegido melodías tan distintas entre sí dentro del género, lo que lleva a estos dos señores a haber parido su mejor disco en años. 'You Got To Lose' (original de Earl Hooker), a mitad de disco, es una canción que se le podría poner a alguien que preguntara quiénes son los Black Keys y quiénes parece que por fin han vuelto a ser. ¿Cómo se hace un disco cuando uno de tus integrantes ha estado en un juicio por terrorismo? Esa es la pregunta que se hizo el trío de rap de Belfast, los agitadores Kneecap –el nombre proviene del disparo en la rótula que usaba el IRA para castigar el crimen en sus territorios– cuando Mo Chara acabó en el estrado, acusado de enarbolar una bandera de Hizbolá en un escenario londinense. El juicio fue sobreseído y Chara absuelto, pero una cosa es clara: es imposible separar la política de la vida en el norte de Irlanda. Con bases musculosas que sientan cátedra sobre lo que debe ser el rave-rap, cortesía de su DJ, Próvaí, y el productor detrás de grupazos como Fontaines DC y Wet Leg, Dan Carey. Mo Chara y Móglaí Bap son ingeniosos y entregan barra enfada tras barra enfadada –ora en inglés, ora en gaélico– en protesta contra la pérfida Albión. La energía en esta entrega es mucho más severa y llega a momentos introspectivos e incluso desgarradores, como la elegía al suicidio de la madre de Bap –el cierre 'Irish Goodbye', con el excelente Kae Tempest–, que en su debut, el 'Fine Art' de 2024, habrían sido impensables.
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