El Plural
La guerra de Donald Trump contra Irán empieza a mostrar una dinámica conocida en Washington: conflictos presentados como operaciones de fuerza, de duración limitada y objetivos claros que terminan convertidos en una factura creciente para el Estado, la economía y la política interior. Tal y como apunta el Financial Times, el Pentágono elevó este martes a 29.000 millones de dólares su estimación del coste de la guerra, 4.000 millones más que hace apenas dos semanas, en un momento en el que el presidente estadounidense amenaza con reanudar los bombardeos si Teherán no acepta un acuerdo. El nuevo cálculo fue trasladado al Congreso por Jay Hurst, interventor interino del Departamento de Defensa, durante una audiencia marcada por la presión de los legisladores para conocer el alcance real del conflicto. Según explicó, la cifra incluye los costes actualizados de reparación y reemplazo de equipos, además de los gastos operativos necesarios para mantener a las fuerzas estadounidenses desplegadas en la zona. "Creemos que la cifra se acerca más a los 29.000 millones de dólares", admitió ante unos congresistas cada vez más inquietos por una guerra que se encarece a gran velocidad. La revelación llega en pleno viaje de Trump a Pekín, donde tiene previsto abordar la crisis con el presidente chino, Xi Jinping. La Casa Blanca busca que China utilice su influencia sobre Teherán, pero el discurso del presidente estadounidense sigue oscilando entre la negociación y la amenaza. "Ganaremos de una forma u otra. Ganaremos pacíficamente o de cualquier otra manera", afirmó Trump, apenas un día después de reconocer que el alto el fuego estaba en "soporte vital". El fantasma de Vietnam, Irak y Afganistán El aumento del coste de la guerra contra Irán ha despertado una preocupación que va más allá de las cifras inmediatas. En Washington, la memoria de Vietnam, Irak y Afganistán sigue muy presente: guerras que comenzaron con promesas de rapidez, control o necesidad estratégica, pero que acabaron generando costes humanos, económicos y políticos muy superiores a los previstos. La historia reciente de Estados Unidos está marcada por intervenciones militares que, una vez iniciadas, resultaron mucho más difíciles de cerrar que de justificar. El precedente de Vietnam continúa siendo el gran trauma de la política exterior estadounidense. Lo que se presentó durante años como una batalla decisiva contra la expansión comunista terminó convertido en una guerra larga, impopular y profundamente divisiva dentro de Estados Unidos. Su coste no fue solo presupuestario: también abrió una brecha social y política que marcó a varias generaciones y dejó instalada una desconfianza duradera hacia las explicaciones oficiales sobre los conflictos en el exterior. Décadas después, la invasión de Irak volvió a reproducir parte de ese patrón. La operación fue defendida por la Administración de George W. Bush como una intervención necesaria y rápida, pero derivó en una ocupación prolongada, una insurgencia sangrienta y una factura económica gigantesca. La promesa de una guerra breve chocó con la complejidad de reconstruir un país, sostener tropas sobre el terreno y contener las consecuencias regionales de la...
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