El Plural
La victoria de Keir Starmer como el primer jefe de Gobierno laborista del Reino Unido en 14 años llegó en 2024, tras las continuas crisis políticas protagonizadas por el Partido Conservador. Menos de dos años después de su nombramiento, el país vuelve a estar sumido en una incertidumbre similar a la de entonces, después de que el hartazgo de la población británica con sus políticas tengan al primer ministro al borde de su destitución. El golpe final a 22 meses de promesas incumplidas ha sido la derrota del Partido Laborista en las elecciones locales del pasado viernes, en las que se confirmó, allí también, que el descontento favorece el auge de la extrema derecha. El partido progresista, el de Starmer, articula en los últimos días un motín para destituir al premier, al que se han sumado ya más de 80 diputados. Este martes, cuatro ministros dimitieron para presionar al primer ministro, sumándose a varios diputados y cargos intermedios entre el Gobierno y el Parlamento que hicieron lo propio en los días anteriores. Aún así, Starmer se resiste a dimitir, y reta a su principal rival, Wes Streeting, a actuar. El secretario de Sanidad del país asegura que ya ha reunido a los 81 diputados necesarios para propiciar un cambio de liderazgo en el partido —lo que propiciaría un cambio de Gobierno—, pero aún no ha dado el paso al frente para hacerlo. Ambos han protagonizado una curiosa escena este miércoles, después de que el premier asegurara que va a resistir a pesar de la presión. Starmer le invitó a hablarlo en Downing Street, pero en menos de 20 minutos Streeting salió por la puerta de la residencia del primer ministro, dejando más dudas todavía en una ciudadanía harta por la deriva del laborismo. Todo apunta a que el pulso entre ambos va a caer del lado de Starmer. Según The Times, Streeting se está "preparando para dimitir" como secretario de Salud, decisión que podría anunciar en las próximas horas. Starmer examina las causas de su caída Igual que cuando se estudian las causas de un accidente aéreo, o de una guerra, no se puede reducir la posible caída del Gobierno de una de las principales potencias del mundo a una simple derrota electoral. El resultado de los comicios municipales de Inglaterra y locales de Escocia y Gales, en los que el viernes arrasó la ultraderecha de Reform UK, el partido de Nigel Farage, son una consecuencia de dos años en los que las promesas de cambio que catapultaron a Starmer no se han cumplido, y las principales preocupaciones de los británicos siguen igual o peor que cuando llegó a Downing Street. El malestar social, según medios locales, se centra en el coste de la vida. Las políticas de Starmer no han conseguido frenar la inflación, los tipos de interés siguen en valores altos y la desigualdad no ha hecho más que aumentar. Además, los recortes en servicios sociales, como el del winter fuel payment —la ayuda a la energía que...
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