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El 'futurista' adelanto de disponer de un teléfono en plena calle
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El 'futurista' adelanto de disponer de un teléfono en plena calle

Sesenta años atrás, una cabina de teléfonos en plena calle era el no va más de la modernidad. Tanto, como para ocupar la portada de ABC el día 26 de mayo de 1966 con la foto de las autoridades arremolinadas en torno al locutorio de la glorieta Plus Ultra, la más alejada de las ocho cabinas de teléfonos públicos que se instalaron en Sevilla. En la página 59 se daba cuenta de la noticia, con el inconfundible sello de la época, con la harka de autoridades por delante para que no cupieran dudas de a quien había que agradecer el progreso: «La primera de las cabinas inauguradas fue la de la glorieta Plus Ultra, en las inmediaciones del estadio Villamarín. Desde ella, los señores García [director regional de la Compañía Telefónica Nacional de España] y Bono Janeiro [primer teniente de alcalde] establecieron comunicación telefónica con el alcalde, señor Moreno de la Cova, quedando inmediatamente inaugurado este servicio público». Pero como no podía haber inauguración que se preciara sin su correspondiente visita de inspección de la autoridad, la comitiva del director regional y el teniente de alcalde más los jefes técnicos de Conservación y Tráfico de la CTNE, el delegado de Información y Turismo y un ayudante comercial acudió a cada uno de los restantes emplazamientos de las primeras cabinas instaladas en Sevilla capital: Manuel Siurot, 46 (delante de la residencia sanitaria); María Auxiliadora, 30 (delante de los salesianos de la Trinidad); Antonio Filpo Rojas, 11 (San José Obrero); avenida del conde de Halcón (en la barriada de Las Flores); avenida de la Cruz Roja; avenida de Santa Cecilia (la nueva Triana); y barriada de Nuestra Señora del Carmen (más allá del Tardón). Las ocho ubicaciones compartían un rasgo común: estaban en la periferia de la ciudad. De hecho, hubo que esperar a 1972 -que siempre se toma como fecha de inicio del servicio de cabinas telefónicas en Sevilla- para que los locutorios públicos aparecieran en el Centro, concretamente junto a la Plaza Nueva, donde estaba la histórica central que ahora se convertirá en un hotel. El director regional de la compañía, Aníbal García, anunció a los periodistas que antes del 18 de Julio (la fecha que el régimen se esforzaba por subrayar en el imaginario colectivo por todos los medios) se habrían inaugurado otras veinte cabinas que se convertirían en 230 «en el plazo de dos años». Llegaron a unas 900 en la primera década del siglo XXI, justo antes de que se popularizara la telefonía inalámbrica. Desde septiembre de 2024, las cabinas desaparecieron por completo de la ciudad con el desmontaje de las últimas. Pero sesenta años atrás, las cabinas eran el epítome de los avances tecnológicos, a pesar de los inconvenientes: «De momento funcionarán mediante fichas, pero que se tiene en estudio dotarlas de un aparato especial que permita hacer las llamadas mediante el depósito de las dos pesetas en dicho aparato receptor». Desde aquel estreno de mayo de 1966, las cabinas se convirtieron en elementos cotidianos del paisaje urbano significadas por su utilidad. La reseña de la jornada inaugural daba cuenta del número de teléfonos en la ciudad: «El número de abonados es de 41.520, con un total de 67.860 teléfonos en funcionamiento». Para una población que rondaba el medio millón de habitantes. No había más.

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