ABC
Tener una mascota puede ser una de las cosas más gratificantes que hay en la vida. La compañía y el amor que te dan es una cosa única. Pero sobre todo, y en lo que más se diferencia su trato con el que tienen los humanos entre sí, es la incondicionalidad que los animales suelen ofrecer. Es por ello que los momentos que se pasan con ellos son de un valor incalculable y dan pie a recuerdos que se graban en nuestra memoria. Algunos de los más emotivos son, sin duda alguna, los reencuentros. Todos los dueños de mascotas con gran interacción social como los perros saben que cada vez que se encuentran con ellos se produce un intercambio de energía y cariño casi inigualable. Sin embargo, esos momentos que nosotros consideramos que están repletos de emotividad, en realidad esconden un misterio perjudicial en muchas ocasiones para las mascotas, sobre todo en el caso de los perros. Y es que, cuando consideramos que nuestro can se muere de felicidad por vernos, en realidad solo está exteriorizando su ansiedad y su estrés. Y es por ello que esos momentos se convierten en situaciones de riesgo cardiovascular para ellos. Así lo indican expertos como la doctora Alison Gerken, especialista en comportamiento animal en la SPCA de San Francisco. Esta experta cuenta que durante la ausencia del amo, el perro se encuentra en un estado de «alerta» o ansiedad por la separación. Por ello, a su regreso, el perro experimenta un pico de energía tan alto que su cuerpo se inunda de hormonas del estrés. Su sistema nervioso se encuentra sobrepasado y en lugar de manifestar felicidad, las descargas de cortisol y adrenalina toman el control. Cuando se produce ese reencuentro, los perros suelen manifestarse ladrando, saltando y con comportamientos impulsivos producto de los nervios de volver a ver a sus dueños. Algunos incluso llegan a hacerse sus necesidades en una clara muestra de descontrol. Aunque estos comportamientos puedan parecer entrañables, en realidad son la exposición de lo mal que lo ha pasado el animal. Los perros son seres sociales, por lo que es normal que interaccionen con todo lo que tienen a su alrededor. Especialmente con aquello que consideren una novedad. Sin embargo, reacciones desproporcionadas esconden algo más grave que puede traducirse incluso en problemas cardiovasculares. Esa agitación evidencia que el animal no ha gestionado bien la ausencia de su dueño y se traduce en un comportamiento impulsivo y carente de algún sentido. A veces, cuando creemos que nos manifiestan alegría, en realidad solo exteriorizan miedo, intranquilidad y angustia. Además, esto puede suponer un riesgo ya que si el perro en cuestión es de avanzada edad o sufre algún problema de salud, la situación puede derivar en un percance cardiovascular. Ahora que ya sabemos que se trata de un problema, falta por saber cómo le ponemos solución. Y lo primero es modificando algunas de nuestras rutinas, como la de las despedidas y los regresos dando normalidad a cada momento y sin grandes aspavientos. Por ello, los veterinarios recomiendan despedidas breves y regresos normales y tranquilos. Repitiendo estos comportamientos en el tiempo conseguiremos que nuestro perro vaya normalizando las situaciones para evitar esos picos de ilusión, tristeza, decepción o emoción que sobrepasan su sistema nervioso y ponen en riesgo su corazón.
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