COPE
La casa de Diego García, conocido como 'Dieguito', en Palos de la Frontera (Huelva), es mucho más que un hogar; es un auténtico museo rociero que custodia parte de la memoria viva del Rocío. Entre sus paredes se acumulan fotografías históricas, medallas y tesoros de la devoción rociera, como un fragmento del antiguo retablo de la Virgen del siglo XVIII, una pieza de valor incalculable desconocida para muchos. Pero Diego no solo ha sido un guardián de la historia, sino también protagonista. Su vida está marcada por un suceso extraordinario: fue la primera persona no sacerdotal en rezar la Salve a la Blanca Paloma un Lunes de Pentecostés, un momento que recuerda con gran emoción y que quedó inmortalizado en una fotografía para la posteridad. Ocurrió en el Rocío del año 1992. El párroco de Palos de la Frontera no llegaba y los propios vecinos, con la autorización de los almonteños que portaban a la Virgen, lo alzaron a hombros. "Algunos de ellos eran estudiantes aquí en el Politécnico de la Rábida, me conocían", relata Diego. Le dijeron: "Diego, tú rezas la salve porque como tú ninguno". A pesar de los nervios, recuerda que le "salió la salve muy bien". Entre las joyas que atesora, destaca un fragmento del antiguo retablo de la Virgen del Rocío, que data de las primeras décadas del siglo XVIII. La pieza llegó a sus manos como un regalo de un amigo almonteño tras una exposición en el santuario. "Me dijo: 'Diego, para que tengas un recuerdo de la Virgen en tu casa de tantos siglos'", explica. El presidente de la Hermandad Matriz de Almonte conoce su existencia, ya que lo vio expuesto en una urna durante una muestra en el ayuntamiento de Palos. La devoción de la familia de Diego ha enfrentado duras pruebas. Han sido tres las ocasiones en que un miembro de la familia estuvo a punto de ser hermano mayor del Rocío, y las tres veces la muerte se interpuso. Su abuelo, un bisnieto y su propia madre, que no pudo ejercer por el fallecimiento de su padre, vieron truncado ese sueño. "Ahí, en este aspecto, la virgen nos ha probado bien la fe", confiesa Diego. Su implicación con la fe y su pueblo lo llevó a vivir otro momento histórico. Siendo teniente de alcalde en 1983, propuso conceder la llave de oro de Palos al papa Juan Pablo II como "cuna de la evangelización de América". Tras un intento fallido de que el Papa visitara la localidad, una delegación de Palos, con Diego entre ellos, viajó al Vaticano para entregarle la distinción e invitarlo personalmente. Diez años después, en 1993, se produjo la histórica visita de Juan Pablo II a Palos de la Frontera. "Tuvimos la dicha, a los 10 años, de recibir aquí a las mismas personas que fuimos a invitarlo en el año 83 al Vaticano", rememora. En un gesto audaz, Diego logró que el pontífice firmara en el libro de oro del ayuntamiento, un libro inaugurado por el rey Alfonso XIII.
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