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Cuando no es una cosa es otra, y ahora le toca el turno al conflicto en Irán, que afecta directamente a la producción y al transporte del petróleo en el Golfo Pérsico, zona clave para el negocio del crudo a nivel internacional. Los precios del barril suben y bajan cíclicamente, y ahora atravesamos una etapa de crisis que ha elevado la factura de la gasolina y el gasóleo, hasta rebasar incluso los dos euros por litro en algunos casos. Pero los conductores podemos aliviar ese problema más de lo que pensamos, y siguiendo unos sencillos consejos llegaremos a reducir el gasto de combustible en torno al 15%, un beneficio extensible también a la utilización de vehículos híbridos, híbridos enchufables e incluso eléctricos, ya que estos últimos son incluso más sensibles a hacer las cosas de una manera o de otra, y los ahorros en ese caso superarían el 20%. De hecho, la Dirección General de Tráfico lleva al extremo este factor, al señalar que entre un 30% y un 50% de lo que gastamos al conducir depende de nuestro comportamiento al volante. Nada influye tanto en el gasto de carburante, o de energía en general, como el estado de los neumáticos, y principalmente su presión de inflado. Según el RACE, llevar 0,5 bares de presión menos de lo recomendado puede elevar el consumo un 2% en zonas urbanas y un 4% en zonas interurbanas, y la compañía Norauto va más allá, al indicar que circular con 0,5 bares de presión por debajo del valor correcto aumenta el gasto de combustible hasta un 10%, lo que supondría de media pagar cada año 70 euros más en repostajes. Y si vamos a llevar el vehículo muy cargado, deberemos subir las presiones, de acuerdo con las recomendaciones del fabricante. Pero hay que ser realistas, y si no pensamos variarlas nunca, siempre será mejor llevar las presiones para mucha carga en todo momento, en lugar de circular permanentemente con las presiones de baja carga, tanto por eficiencia como por seguridad. Además, nos recuerdan también que utilizar neumáticos eficientes, identificados con el símbolo del surtidor de combustible, es un factor a considerar, y que cuanto más se acerque la calificación a la A, menor será la resistencia a la rodadura y mayor el ahorro de carburante. Un neumático con clasificación A, por ejemplo, podría reducir un 5% el consumo, lo que se añadiría al resto de ahorros que lograremos siguiendo otros consejos. El motor es el corazón del vehículo, y lógicamente su influencia en el consumo de combustible es alta. Una mecánica de gasolina o diésel que no recibe sus cambios de aceite y filtros en los plazos adecuados acabará desperdiciando energía. Norauto recuerda que un filtro de aire obstruido o un lubricante degradado obligan al motor a trabajar bajo condiciones de fricción y combustión no óptimas, de manera que en vehículos con un mantenimiento deficiente el gasto de carburante puede dispararse entre un 10% y un 15%, y simplemente circular con el filtro de aire sucio provoca un aumento del consumo en torno al 3%. Hace años, cuando los lubricantes de los motores eran peores, se recomendaba calentar bien el motor del vehículo antes de emprender la marcha a base de mantener el ralentí unos minutos, sobre todo en invierno. Y gastando combustible a coche parado durante esa fase. Pero eso ya no es necesario, e incluso con mucho frío podemos arrancar y empezar a circular de forma inmediata, de manera que la mecánica coja temperatura durante la marcha. Lógicamente, en los primeros cinco minutos deberemos evitar aceleraciones fuertes o regímenes altos para no forzar el motor cuando su aceite lubricante no ha alcanzado aún la temperatura ideal. La relación entre velocidad y consumo de combustible, o de electricidad si hablamos de un eléctrico puro o un híbrido enchufable, es directamente proporcional: a más velocidad, más gasto. Y en ocasiones, para poder circular algo más despacio solo tendremos que iniciar nuestros desplazamientos un poco antes de lo que lo hacemos habitualmente: si no queremos llegar más tarde yendo a una velocidad menor, bastará con salir de casa 5 o 10 minutos antes en nuestros trayectos habituales, o media hora antes en los viajes más largos. Un consejo básico pero que funciona, pues entre ir a 115 y 120 km/h por una autovía, la diferencia de gasto oscila entre 0,3 y 0,5 l/100 km. Y en un coche eléctrico, las diferencias de consumo en función de la velocidad son mayores proporcionalmente. Circular pegados al vehículo que nos precede es mal negocio. Sobre todo, por seguridad, ya que las probabilidades de no reaccionar a tiempo ante un frenazo imprevisto son altas. Pero también por economía, ya que seguir desde muy cerca a otro vehículo no es bueno desde el punto de vista aerodinámico, pues nos afectan sus turbulencias y eso resta eficiencia, y solo podríamos beneficiarnos de la succión si fuésemos realmente pegados, lo cual está prohibido. Además, circular sin guardar la distancia de seguridad nos obliga a frenar más veces de las necesarias, y cada frenada genera a continuación otra leve aceleración, lo que acaba elevando el gasto. Por otro lado, una conducción relajada y con anticipación de las maniobras sirve para ahorrar combustible. Por ejemplo, si a 100 metros el semáforo se pone rojo, bastará con meter una marcha larga y dejarse llevar por inercia, desacelerando o frenando muy suavemente, en vez de seguir acelerando y frenar en el momento final. Y eso es aplicable a las intersecciones con un stop, a las rampas de salida de las autovías o cuando vislumbramos a lo lejos una retención. No hay una norma general, porque cada mecánica es diferente, e influirá si es de gasolina o eléctrica, si tiene turbo o no, y si la cilindrada del motor es grande o pequeña. Pero, como consejo básico, conviene circular en la marcha más larga posible, siempre que el motor se encuentre cómodo y no traquetee o muestre falta de empuje. Por ejemplo, algunos usuarios no pasan de tercera al conducir por ciudad, pero a 50 km/h muchos vehículos ya permiten engranar la cuarta y hasta la quinta marcha. Y en carretera o autovía, mismo consejo: a 90 km/h o a 120 km/h la mayoría de los vehículos permiten circular en la marcha más larga. Además, si bajamos una cuesta prolongada, lo mejor es meter una marcha larga, pues al tiempo que retiene algo, reduce prácticamente a cero el consumo mientras no aceleremos. De hecho, para ahorrar más debemos reducir el uso de las marchas más cortas al mínimo imprescindible, empleándolas básicamente para ganar velocidad o afrontar repechos. De hecho, al salir desde parado podemos meter segunda en cuanto el coche ya se mueve un poco, sin esperar a que el régimen del motor suba mucho. Los conductores de coches automáticos ya se habrán dado cuenta de que ese tipo de transmisiones engranan marchas altas en cuanto pueden, y no es extraño que los vehículos modernos de cambio automático gasten menos que los de caja manual si estos últimos no se conducen con cierta habilidad. La temperatura del climatizador es libre, a gusto del consumidor. Porque el confort es un factor importante, y no parece buen consejo de ahorro… que circulemos incómodos. Pero entre 20 y 23 grados parece un margen bastante apropiado. Hay gente que prefiere viajar en invierno en manga corta con el climatizador a 25 o 27 grados, o quienes en verano seleccionan los 17 o 18 grados, aunque eso obligue a llevar más ropa; pero ninguna de esas conductas es eficiente. Y un climatizador con mucho trabajo puede incrementar hasta un 10% el consumo de combustible. En cualquier caso, siempre será mejor utilizar bien el aire acondicionado que viajar con las ventanillas abiertas, pues eso penaliza la aerodinámica y eleva mucho el consumo. Y en relación con la aerodinámica, sobra decir que transportar equipaje sobre el techo, ya sea con una baca convencional o usando un cofre cerrado, eleva mucho el consumo. Ahí, el consejo desde el punto de vista de la eficiencia es prescindir, en la medida de lo posible, de esas soluciones, y tratar de colocar todo dentro del vehículo, aunque para ello debamos abatir parcial o totalmente el respaldo posterior. Aunque en ese caso, cuidado con estibar mal la carga, porque destinar el espacio de los pasajeros a transportar equipaje o cualquier objeto es una alternativa reservada a casos extremos, y podría ser incluso motivo de sanción si un agente considera que hay riesgo para los ocupantes. A mayor densidad de tráfico, más gasto. No siempre podremos elegir el horario de nuestros desplazamientos, pero muchas veces sí será posible. Por ejemplo, en trayectos urbanos el consumo se dispara en las horas punta porque no podemos mantener velocidades sostenidas, y otro tanto ocurre en largos viajes, porque si recorremos 120 kilómetros en una hora por una autovía vacía (velocidad media de 120 km/h) el consumo será menor que si ese mismo recorrido nos lleva una hora y media (80 km/h de media) a causa de un tráfico congestionado. Y en caso de atasco, no es recomendable desactivar la función de ahorro 'stop & start' aunque nos parezca que las constantes paradas y arrancadas elevan el gasto, pues basta con que el motor deje de funcionar tres segundos para compensar el mínimo consumo de carburante que genera la secuencia de apagado y encendido.
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