COPE
Durante décadas, la ciencia ha partido de una premisa incompleta: el cuerpo masculino como modelo universal. La mayoría de los ensayos clínicos se realizaban exclusivamente con hombres, extrapolando después los resultados a toda la población. Esta práctica ha derivado en tratamientos menos eficaces para las mujeres, más efectos secundarios y diagnósticos que, en muchos casos, llegan demasiado tarde. Se trata de una realidad poco conocida pero con un impacto directo en la salud de millones de mujeres: el sesgo de género en la sanidad. Un estudio publicado en 2019 en la revista Nature, con datos de más de siete millones de personas en Dinamarca, reveló que las mujeres fueron diagnosticadas más tarde en al menos 700 enfermedades. Un ejemplo claro es el infarto, cuyos síntomas de dolor en el pecho que se irradia al brazo izquierdo son los más comunes en hombres. En mujeres, sin embargo, puede manifestarse con una sensación de angustia, fatiga extrema o malestar general, lo que ha provocado que muchas no fueran diagnosticadas a tiempo. De hecho, según la Sociedad Española de Cardiología, ser mujer aumenta un 18% el riesgo de morir por infarto agudo de miocardio en España. Para abordar esta problemática, el programa 'La Tarde' de COPE, con Pilar García Muñiz, ha entrevistado a la doctora Elena Catalá, presidenta de la Plataforma Mujer y Dolor. La doctora explica que, a pesar de los datos que demuestran que la mujer padece más enfermedades que cursan con dolor, "no se ha tenido en cuenta en el mundo de la medicina", un tema que califica de "muy importante" porque "las diferencias existen" y conducen a diagnósticos tardíos o erróneos. La razón por la que históricamente no se incluía a mujeres en los estudios, según Catalá, es que "se quería un modelo único, mucho más fácil". Este modelo era el ratón macho, evitando las complejidades de los "trastornos hormonales" de las hembras. Esta decisión ha provocado que los resultados de los ensayos clínicos y, por tanto, la sanidad actual, tengan un carácter "androgénico", basado en estudios realizados mayoritariamente en machos. La doctora Catalá subraya que las diferencias biológicas son "obvias" y no pueden ser ignoradas. "Físicamente somos diferentes y llevamos dos cromosomas diferentes", señala, lo que se traduce en perfiles hormonales distintos. Mientras la testosterona protege al hombre frente al dolor, los estrógenos y la progesterona en la mujer, junto a sus ciclos hormonales, influyen de manera determinante en su salud y en la respuesta a los fármacos. Estas diferencias provocan que los medicamentos no actúen igual en ambos sexos. El llamado "infarto silente" en la mujer es un ejemplo de cómo una misma patología cursa de forma distinta, llevando a una mayor mortalidad porque se diagnostica menos que en los hombres. "La sanidad hoy en día nos estamos dando cuenta, hoy en día vemos que existen diferencias claramente, pero esto se debe tener en cuenta por los profesionales, y aún queda mucho camino por recorrer", afirma Catalá. El sesgo se extiende también a la salud mental. Ante síntomas como cansancio o falta de concentración, en un hombre se suelen buscar causas físicas, mientras que en una mujer es más frecuente atribuirlo a "ansiedad, estrés o incluso depresión", resultando en una mayor prescripción de ansiolíticos y antidepresivos. La doctora insiste en la necesidad de un enfoque individualizado: "Tú tienes un paciente delante y ese paciente es único. Y ese paciente puede estar ansioso por diferentes motivos, y tú debes saber por qué", critica. Durante la entrevista, la colaboradora Paloma Esteban preguntó si las mujeres normalizan más el dolor. La doctora Catalá aclaró: "La mujer no se queja más, es que tiene más dolor" debido a sus mecanismos de transmisión. Además, señaló que las mujeres a menudo postergan su propia atención médica por su rol de cuidadoras. Un estudio observacional sobre 5.000 pacientes en su unidad del dolor mostró que dos terceras partes eran mujeres y que llegaban "más tarde" y con más tratamientos con ansiolíticos en lugar de analgésicos. Finalmente, la presidenta de la Plataforma Mujer y Dolor concluye que es fundamental cambiar los protocolos actuales, que están "más en visión de hombre que de mujer", y para ello es imprescindible que los nuevos ensayos clínicos incluyan tanto a hombres como a mujeres para obtener una evidencia científica real y equitativa.
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