Cope Zaragoza
Se acaban de cumplir 17 años de la muerte de Antonio Vega, pero sus canciones, convertidas en himnos para varias generaciones, siguen sonando con la misma fuerza. Para recordar al músico y a la persona, su hermano Carlos Vega ha concedido una entrevista a Pilar García Muñiz en el programa 'La Tarde' de COPE, donde ha desvelado la compleja y fascinante personalidad del icónico artista. Carlos Vega describe a su hermano como alguien que vivía con una vehemencia arrolladora. "Su vida la vivía tan intensamente, que lo cotidiano, el día a día, lo normal, casi se le hacía pequeño", ha explicado. Esta sensación de que "el mundo fuera muy limitado y pequeño" le llevó a ser un gran estudioso de materias tan dispares como la astronomía, la física o las matemáticas. Era "muy intenso, muy muy inteligente y, bueno, y muy inconformista", ha añadido. Esa inteligencia excepcional fue confirmada oficialmente. Debido a los problemas que transmitía de pequeño, su madre lo llevó al psicólogo. El diagnóstico fue dual: "Había una noticia buena y otra mala. La buena es que Antonio tenía una inteligencia superdotada, y la mala, pues que los niños que tenían ese nivel de inteligencia daba muchos problemas", ha relatado Carlos. Y, efectivamente, los dio. Antonio Vega tenía una forma de ser que le llevaba a sumergirse por completo en todo lo que hacía. "Si se metía en algo, se metía de lleno, y en lo malo también", ha confesado su hermano. Esta falta de medida le generó problemas no solo a él, sino a toda la familia, especialmente con su adicción a las drogas. Sin embargo, Carlos Vega ha querido desmontar un mito extendido. Las drogas no eran un catalizador para su genio creativo. "Todas las grandes canciones de Antonio, que son muchas, todas las hizo cuando él se encontraba bien", ha asegurado. El consumo era una vía de escape a un mundo que se le quedaba corto, una forma de sentirse "en otro espacio que no pertenecía a este mundo", pero no una fuente de inspiración. Frente a esos infiernos, el verdadero santuario del artista era otro. "Su gran refugio, yo creo, yo entiendo, que fue la montaña", ha revelado Carlos. Lejos de la imagen de músico atormentado, Antonio Vega era un "superdotado físico" y un "gran deportista" que practicaba rugby, kárate y escalada, una faceta que le acompañó durante toda su vida. Componer era para Antonio un acto natural, "casi como una especie de terapia". Su hermano Carlos, con quien formó un dúo acústico en sus inicios, era a menudo el "primer filtro" de sus creaciones. Canciones como 'El sitio de mi recreo', que Carlos considera la que mejor refleja "la esencia de lo que era Antonio", se las mostraba con humildad, preguntando si "pasaba o no el filtro". Aunque se le asocia a La Movida Madrileña, Antonio Vega siempre mantuvo distancia con el carácter "más festivo" del movimiento, sintiéndose más cómodo en un registro "más intimista" y "profundo". Sobre 'La chica de ayer', Carlos ha admitido que no fueron conscientes de su futura dimensión de himno, ya que en su momento era una canción "más de músicos" que de "punkis". El éxito y la fama le provocaban "cierta tensión" y nunca los llevó bien, lo que explica su tendencia a aislarse. A pesar de ser muy admirado, "siempre estaba un poco con la duda", algo que su hermano considera "permanente en la gente que crea de verdad". Trágicamente, parte de su último legado se perdió cuando "alguien algún del cerebro se le ocurrió resetear el ordenador de Antonio, donde tenía todas las maquetas" del disco que preparaba con Carlos antes de morir de un cáncer de pulmón a los 51 años.
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