COPE
Hay personas que llegan a terapia diciendo algo muy parecido: “No entiendo por qué sigo así si eso pasó hace años”. Y lo dicen de verdad confundidas. Porque han seguido adelante, han trabajado, han cuidado de los demás, han hecho su vida. Pero aun así hay algo dentro que continúa reaccionando. A veces es ansiedad. Muchas veces el problema está en experiencias que el cerebro no consiguió procesar del todo cuando ocurrieron. La terapia EMDR trabaja precisamente sobre eso. En los últimos años la terapia EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) ha demostrado especial eficacia para tratar traumas y recuerdos difíciles que siguen afectando emocionalmente. Los psicólogos online lo explican: cuando hablamos de trauma no nos referimos únicamente a grandes catástrofes o situaciones extremas. A veces una experiencia traumática puede ser una pérdida importante, una relación dañina, una infancia llena de críticas, un accidente o una situación donde la persona se sintió sola, asustada o desprotegida. Hay personas que sienten ansiedad intensa en situaciones concretas sin entender por qué. O gente que se bloquea ante ciertos conflictos, que vive siempre en alerta o que carga con una sensación constante de culpa o inseguridad. Muchas veces incluso se juzgan a sí mismas por ello. El cerebro no funciona por lógica ni por comparación. Hay experiencias que, cuando suceden, generan un impacto tan intenso que quedan almacenadas de forma diferente. No se integran como un recuerdo más, sino como algo que sigue activando emociones y respuestas físicas en el presente. Y eso puede terminar afectando muchísimo a la vida cotidiana. Cada persona lo vive de una manera distinta, aunque hay señales que se repiten con frecuencia. Algunas personas tienen recuerdos recurrentes o pensamientos que aparecen sin querer. Otras sienten ansiedad constante, dificultades para dormir o una necesidad permanente de estar alerta. También es habitual encontrar: Baja autoestima.Miedo intenso.Sensación de inseguridad.Hipervigilancia.Culpa excesiva.Dificultad para confiar.Bloqueos emocionales.Problemas para disfrutar del presente. A veces el cuerpo termina expresando lo que la mente lleva años intentando sostener sola. Existe bastante desconocimiento sobre cómo funciona el tratamiento de EMDR. La terapia comienza siempre con una fase de evaluación. El profesional necesita entender la historia de la persona, cómo se siente actualmente y qué experiencias pueden estar relacionadas con el malestar. Y después llega una parte fundamental: la preparación. Esto es importante porque EMDR no busca que la persona reviva el dolor sin más. Antes de trabajar recuerdos difíciles, se construye seguridad emocional. Se aprenden herramientas para gestionar emociones, reducir ansiedad y sentirse estable durante el proceso. De hecho, muchos terapeutas insisten en esto porque hay personas que llegan con mucha prisa por encontrarse bien. Es completamente normal. Cuando alguien lleva años sufriendo quiere soluciones rápidas. Pero en terapia, intentar correr demasiado suele acabar siendo contraproducente. Cuando la persona ya está preparada, se trabajan recuerdos concretos asociados al malestar actual. Se identifican emociones, sensaciones físicas y creencias negativas que quedaron ligadas a aquella experiencia. Frases internas como “no valgo”, “no estoy segura” o “algo malo va a pasar”. A través de estimulación bilateral —movimientos oculares, sonidos o pequeños toques alternos— el cerebro empieza a reprocesar esa información de una manera diferente. Lo que suele cambiar no es el recuerdo en sí, sino la carga emocional que lo acompaña. La persona sigue sabiendo lo que vivió, pero deja de sentirlo como una amenaza constante. Aquí también hay diferencias entre personas. Algunas salen de sesión sintiendo alivio inmediato, calma o incluso una sensación de ligereza que hacía tiempo no experimentaban. Otras terminan cansadas o más sensibles emocionalmente durante unas horas o días. Hay quien nota que sigue pensando en cosas relacionadas con lo trabajado o que aparecen recuerdos nuevos. Todo eso puede formar parte del procesamiento emocional que continúa haciendo el cerebro después de la sesión. Y aunque pueda resultar intenso a veces, muchas personas describen el proceso con una frase bastante sencilla: “Por primera vez siento que esto empieza a dejar de pesar tanto”. La EMDR cuenta actualmente con respaldo científico internacional y está recomendado por organismos como la Organización Mundial de la Salud para el tratamiento del trauma psicológico. Además, los estudios realizados destacan que es una técnica segura y no invasiva cuando se aplica correctamente por profesionales especializados. Quizá una de las cosas más valiosas de este enfoque es que no obliga a la persona a quedarse atrapada eternamente en aquello que vivió. No cambia el pasado, pero sí puede cambiar la forma en que ese pasado sigue interfiriendo en el presente. Y para alguien que lleva años sobreviviendo emocionalmente, eso ya es muchísimo.
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