COPE
El problema de la vivienda se ha consolidado como una de las principales preocupaciones para los andaluces, y el caso de Málaga es paradigmático. La ciudad se ha convertido en el epicentro de una tensión inmobiliaria que expulsa a sus propios vecinos de los barrios donde han crecido. Este es el relato de Ana Belén, una periodista malagueña de 50 años y madre de dos hijos que, por cuestiones personales, se vio obligada a buscar una nueva vivienda el año pasado. Cuenta para los micrófonos de COPE que su historia personal es el reflejo de un drama colectivo: la imposibilidad de permanecer en su barrio de toda la vida, Puerta Blanca, ante la desorbitada escalada de los precios. Puerta Blanca es un barrio tradicional y obrero de Málaga, con construcciones que datan de los años 60 y que históricamente ha ofrecido precios asequibles. "Era un lugar familiar, lleno de comercio y vida", pero según relata Ana Belén, el impresionante desarrollo de la ciudad lo ha "contaminado". A su juicio, la "especulación que estamos viviendo en torno a los precios de la vivienda" ha transformado el mercado. La cercanía de urbanizaciones de lujo en el paseo marítimo y nuevos desarrollos han disparado los costes hasta el punto de que pisos de nueva construcción de unos 90 metros cuadrados en el barrio, rondan ya los 350.000 euros. Cuando Ana Belén necesitó mudarse, su prioridad era quedarse en el barrio por la red de apoyo familiar y la proximidad del colegio de sus hijos. Sin embargo, la búsqueda se convirtió en una misión imposible. "Era imposible encontrar algo que se adecuara a las necesidades de mis hijos y que yo pudiera pagar", explica en 'Herrera en COPE Más Málaga'. El piso que ella misma había comprado hace siete años por 199.000 euros ahora tiene un valor de mercado cercano a los 300.000 euros, una revalorización que ilustra la magnitud del problema y la empujó a una única salida: el extrarradio. La odisea de la búsqueda no solo se limitaba a los precios. Las viviendas que se ajustaban a su presupuesto presentaban importantes carencias. "Estamos hablando de viviendas que tienen ya ciertos años, entonces, no tienen unas calidades apropiadas, todas necesitaban reforma", detalla. A esto se sumaba la falta de aparcamiento, un problema endémico en barrios cercanos como La Luz, donde los coches "duermen en doble fila habitualmente" y no existen garajes públicos para alquilar. Para Ana Belén, estas condiciones eran inasumibles, especialmente por las necesidades de su hijo de 12 años, que tiene autismo y requiere un espacio de esparcimiento como un balcón, un extra que se ha vuelto un lujo. La frustración de Ana Belén creció al explorar otras opciones. Incluso en zonas cercanas, a unos tres kilómetros, las cifras eran prohibitivas. "Cositas de 90 metros cuadrados con apenas un patio, cuesta 400.000 euros", lamenta. Esta realidad la obligó a ampliar su radio de búsqueda mucho más allá de lo deseado, confirmando que el acceso a una vivienda digna en su ciudad se había convertido en una quimera. Finalmente, Ana Belén encontró una vivienda en Churriana, un barrio residencial en las afueras de Málaga. Aunque lo considera "un chollo", admite que los precios allí también están subiendo. El traslado ha supuesto una reorganización completa de su vida y ha traído consigo una serie de complicaciones logísticas y económicas. "Más en gasolina, eso para empezar", afirma. La distancia le impide volver a casa durante el día, obligándola a reorganizar su jornada en torno a la recogida de sus hijos del colegio. "Te tiras todo el día fuera de tu casa realmente, porque no te trae de cuenta irte para allá por la distancia que tienes", explica. Esta nueva rutina diaria está marcada por el tráfico y la sensación de vivir desconectada del núcleo urbano. Aunque su nueva vivienda está estratégicamente ubicada junto a una parada de autobús, el transporte público no siempre es una solución viable. "Son transportes que por la lejanía tardan más, no puedes controlar tanto los tiempos", señala. Esta dependencia del coche y la distancia complican la conciliación y añaden un estrés constante a su día a día. Ana Belén recuerda que en su juventud también se mudó a la costa buscando precios más ajustados, pero ahora, con una familia, las necesidades son otras. "Es normal que cualquier persona con familia quiera vivir en lugares más céntricos, para tener acceso a médicos o colegios", reflexiona. Su caso evidencia una tendencia preocupante: Málaga está expulsando a las familias a la periferia, lejos de los servicios y redes de apoyo que necesitan. Como periodista, Ana Belén es consciente de que su historia personal es también una noticia que afecta a miles de ciudadanos. Ante la proximidad de las elecciones, su mensaje a los políticos es claro y contundente. "En materia de vivienda, yo sinceramente creo que se debería poner un límite", reclama. Considera que no se puede permitir la especulación actual, donde el precio de un piso en un barrio como Puerta Blanca "es de locura". El nudo del problema, según ella, es que estos precios se pagan, lo que perpetúa la espiral alcista. "Yo a veces pienso, ¿Quién paga esto?", se pregunta. Su petición es una llamada a la acción para regular un mercado descontrolado que amenaza con convertir la ciudad en un lugar inhabitable para sus propios residentes. Su advertencia final resuena con fuerza: "Esto hay que ponerle un límite, porque si no, los malagueños no vamos a poder vivir en Málaga".
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