Cope Zaragoza
El reputado músico Floren Unzueta, de 85 años, ha donado su órgano personal a la Escuela Municipal de Música Luis Aramburu de Vitoria. Tras media vida acompañando a su familia, Unzueta ha decidido que es el momento de que nuevos talentos se forjen en sus teclas, un gesto solidario que busca atraer a jóvenes y paliar la escasez de organistas. La donación ha sido un impulso decisivo para la escuela, que llevaba tiempo queriendo implantar esta especialidad. Según explica en COPE Euskadi su director, Pedro Elosegi, adquirir un instrumento de estas características era económicamente inviable. "Un órgano como el de Floren, mandado a construir, podría costar de 60.000 euros hacia arriba", señala. La llegada del instrumento ha sido providencial para poder lanzar las clases el próximo curso. "Con Floren nos ha venido Dios a ver". Tras un complejo proceso de desmontaje y traslado, el órgano ya ocupa su lugar definitivo en la última planta de la escuela, en lo que será el aula de música antigua. Este espacio, con vistas excepcionales de la muralla y del oeste de Vitoria, se convertirá en un lugar de ensayo y formación. Elosegi confía en que el instrumento "va a dar muchas vocaciones y mucho servicio". El objetivo principal de esta iniciativa es responder a una necesidad, ya que "en Vitoria y en el territorio de Álava hay grandes instrumentos que se están deteriorando porque no hay organistas". Para dar vida a este patrimonio la escuela ha contactado con el maestro de capilla de la Diócesis de Vitoria, Unai Ibáñez, para ofrecer formación musical a alumnos del seminario. La escuela evaluará ahora la demanda para dimensionar la oferta, que podría empezar con un profesor que dedique un tercio de jornada para entre seis y ocho alumnos. La preinscripción para el nuevo curso, que incluye una amplia variedad de estilos como música antigua, clásica, moderna y este próximo curso electrónica, ya está abierta durante todo el mes de mayo. Floren Unzueta, cura secularizado e investigador musical, que se formó como sacerdote en el Seminario de Vitoria y que ha sido organista titular en la Catedral de Santa María, sigue tocando cada domingo en la iglesia de San Pedro. Fue allí donde, hace apenas una semana, un niño de siete años se le acercó tras la comunión para decirle: "qué bonito era lo que has tocado". Según ha compartido en nuestros micrófonos, era una melodía inca que emocionó al pequeño, cuyas palabras casi le hacieron "llorar". Este episodio refuerza su deseo de que el órgano sirva para inspirar a las nuevas generaciones. Su anhelo es que, "así como nosotros hemos gozado de ese órgano, que ahora chicos o chicas, se vayan preparando para que después en otros foros, en un teatro y también en las iglesias, porque se necesitan organistas, puedan también ellos llevar alegría a los corazones de los oyentes".
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