Diario de Noticias
Hay quien mide los días en cafés. Pero el responsable de comunicación de Intersport Pamplona La Morea, Alejandro de la Rosa (Madrid, 1995) los mide en pulsaciones. En ese instante en el que la cabeza duda y el cuerpo decide. Alejandro tiene una adicción a la adrenalina –no declarada, pero evidente–. Por eso, cuando dejó el rugby profesional –hace apenas unos meses–, no eligió el descanso, sino el vacío: el frío, la distancia y el Ártico. Porque, de alguna manera, al bajar el ritmo pautado por la élite seguía necesitando comprobar dónde están sus límites. Durante años, su vida se desarrolló con mucha disciplina, pero también con monotonía: selección de rugby 7, circuito internacional, entrenamientos constantes, viajes encadenados... “Nos medían todo: el peso, la grasa, hasta el color de la orina”, recuerda. Y aunque viajara por medio mundo, no lo hacía libre. Por eso, cuando se retiró después de toda una vida dedicado a este deporte, su rutina cambió y enfocó todo su tiempo en el trabajo y en otras rutinas. Entre las que desapareció el deporte. De esta manera, quiso encontrar un hueco –lejos de la calma– para que prevaleciera ese nervio que tanto le caracteriza.
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