COPE
La recta final del curso supone un momento de alta tensión en muchos hogares con adolescentes. La presión de los exámenes, la desmotivación y el cansancio acumulado crean un cóctel que a menudo deriva en conflictos familiares. Para arrojar luz sobre esta situación, el psiquiatra Javier Quintero, jefe de servicio de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Universitario Infanta Leonor de Madrid, ha intervenido en 'La Tarde' de COPE, con Pilar García Muñiz. La recta final del curso supone un momento de alta tensión en muchos hogares con adolescentes. La presión de los exámenes, la desmotivación y el cansancio acumulado crean un cóctel que a menudo deriva en conflictos familiares. Según ha explicado Quintero, tanto los adultos como los adolescentes llegan agotados a final de curso, pero los jóvenes se enfrentan además a la presión de los exámenes. Cuando perciben una exigencia excesiva o una sensación de incapacidad, "muchas veces lo que hacen es bajar los brazos", ha señalado el psiquiatra. En lugar de ayudar, la insistencia paterna puede ser contraproducente. "Lo que tendemos a hacer desde casa es apretarles más, en lugar de ayudarles a recuperar esa motivación, les satura más, les desmotiva más y les aleja más de sus objetivos". El experto aconseja cambiar el enfoque de la comunicación. En vez de preguntar constantemente "¿qué tal llevas el examen?", Quintero sugiere una pregunta más abierta como "¿qué tal estás?". De esta forma, el adolescente siente que no solo se le valora por su rendimiento académico, sino que también se le ofrece un espacio para compartir su estado emocional, su cansancio o su saturación. La planificación es fundamental, pero debe adaptarse a cada etapa. Quintero ha advertido que las estrategias que funcionan en Primaria, como estudiar el día antes, son insuficientes en Secundaria e "imposibles" en Bachillerato. Por ello, es crucial ayudarles a organizarse con antelación. Sentarse a estudiar con ellos puede ser una solución de emergencia, pero el psiquiatra lo tiene claro: "esto es pan para hoy, pero hambre para mañana", ya que no fomenta su autonomía. En cuanto al móvil, el psiquiatra es tajante: "tiene que estar fuera de la ecuación" durante el estudio. Ha afirmado que un adolescente "no puede estudiar con un teléfono en la mesa" por la cantidad de distracciones que genera. Su recomendación es pactar horarios de estudio de 30 o 40 minutos sin el dispositivo cerca. "Un teléfono inteligente no puede estar en un estudio inteligente", ha sentenciado. El sueño es otro pilar básico. Quintero ha alertado de que perder horas de sueño, incluso para estudiar, es una mala idea. "El sueño es fundamental, lo necesitamos todos, y sobre todo ellos que están estudiando", ha afirmado, explicando que el descanso es necesario "para ordenar, para asentar todo lo aprendido en el día" y que sin él, el aprendizaje es "muy frágil". En el otro extremo se encuentran los estudiantes con una autoexigencia muy alta, cuya ansiedad puede llegar a ser contraproducente. "Si me paso de activación, si me paso de ansiedad, no voy a rendir más, sino que voy a rendir menos", ha detallado Quintero. Para ellos, la planificación también es clave, pero debe incluir necesariamente tiempos de desconexión, descanso y ejercicio físico. Finalmente, el psiquiatra ha recordado a las familias que su rol principal es "acompañarles y ayudarles a gestionar y organizarse", sin sustituirlo por el de "supervisor, profesor particular o policía". Si la situación es insostenible cada año, ha concluido, "no esperemos a mayo para intentar resolverlo, busquemos soluciones en septiembre".
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