ABC
Una de las primeras entrevistas que el aquí firmante hizo con una estrella del pop español fue con Malú , por la gira del disco 'Desafío' hace casi veinte años. Fue sorprendente encontrarse a una artista igual de nerviosa o más que quien la iba entrevistar. Estaba como esos cervatillos iluminados por los faros de un coche que no saben si moverse o quedarse quietos, un tremendo descoloque que, según ella afirma ahora, llevaba arrastrando desde el comienzo de su carrera. «Empecé con quince años sin tener ni idea de nada, no sabía ni quién era. Yo no llevaba años cantando en bares, a mí me vino de la nada. Un productor me escuchó cantar en una fiesta en casa, y al día siguiente estaba firmando un contrato. Mi madre me preguntó si estaba segura de lo que hacía, y yo de lo único que estaba segura era de que no quería seguir en el colegio, eso lo tenía clarísimo. Cantar, o lo que me echen, con tal de no volver ahí. Grabé el disco, y cuando me dijeron que tenía que salir de gira, dije: «¿Qué? ¡Pero si yo no sé cantar! ¡Yo solo he hecho esto por no ir al colegio!» Ahí empezó un síndrome del impostor que ha durado toda mi vida. No me he creído que canto bien hasta hace tres o cuatro años». Durante todo ese tiempo escondió a esa niña que no creía en sí misma, hasta que hace eso, tres o cuatro años, decidió sacarla a respirar. De ahí que su decimoquinto álbum no pudiera tener otro título que 'Quince' , ni pudiera transmitir mayor serenidad. Una serenidad que, sin embargo, ha tenido un doble filo. «Estoy tan bien, tan en paz, que no sabía qué quería contar en este disco», asegura la cantante madrileña. Suerte que ahí estuvieron Marta Soto, Vanesa Martín, Beret, Pablo Alborán y otros compositores de primera línea para traducir eso en canciones. —De hecho, el disco suena a calma tras la tormenta. —Es un disco más sereno, en el que he trabajado desde otra serenidad, sin complejos. Los cantantes hemos llegado a sentir ese complejo de dudar qué hacer para sonar actual, para estar en listas, y eso nos iba generando inseguridad, miedo a la hora de hacer música. Y este disco lo he hecho desde la seguridad absoluta. He acallado ese ruido. —Una gran liberación. —Llegó un momento en el que no podía más, no sabía por qué tenía tanta ansiedad. El personaje que había creado, que iba delante de mí constantemente, me vino bien durante un tiempo, pero ya me pesaba. Cualquier cosa que se saliese del personaje me hacía perder el control. Gracias a que tuve que parar por la lesión, me di cuenta de que no estaba bien. No sabía qué quería, ni dónde estaba, ni hacia dónde iba. Estuve tanto tiempo así que cuando me tocó salir del personaje, no me atrevía a hacerlo. No encontraba al personaje, y no sabía cómo hablar en las entrevistas, cómo explicar las cosas de Malú, si no la encuentro por ningún sitio. Me sentí tan a gusto con el personaje que se fusionó con la persona. Pero a día de hoy estoy liberada de ese personaje, y me he encontrado a una persona guay, una persona maravillosa, segura de sí misma, que sabe que no hay que buscar la genialidad en todo lo que haces. —Qué bien le vienen los parones a los artistas, aunque sean obligados. —Es que ni quieres parar, porque consideras que estás bien, y hay una parte de ti misma a la que le da terror enfrentarse a eso. Ahora estoy en un sitio de calma que me encanta. —En el disco también hay mucho desamor, o fin del amor, como en 'Por si alguna vez', que tiene un verso muy curioso que hubiera sido un título estupendo: «Malditos hombres buenos». —Tienes toda la razón, y de hecho es un título que se planteó, pero que dio miedo. Esa frase viene a decir que malditos hombres buenos, que al final aparecen, y somos nosotras las que los quitamos de en medio y les damos una patada en la boca porque estamos tan acostumbradas a que nos traten tan mal, a tener relaciones tan feas y tan tóxicas, que cuando llega esa persona tan bonita que te propone una vida tranquila, ya estás tú ahí para destrozarle la suya. —Uno de los compositores del disco, Beret, dijo hace unos meses que los artistas que no escriben sus canciones se convierten en robots sin emoción. —Pero, ¿sabes lo que pasa en este caso? Que son canciones que están hechas para mí, son autobiográficas, mi vida traducida a papel. Me ha costado mucho saber qué quería contar, porque no sentía ese dolor que a veces es tan inspirador. No me parecía inspirador hablar de estar bien, y superar eso ha formado parte de ese proceso de dejar atrás todos los complejos.
Go to News Site