ABC
El 30 de septiembre de 2003, la vida de Farruquito dio un giro radical . Aquella noche, el bailaor atropelló mortalmente al peatón Benjamín Olalla, mientras este cruzaba un paso de cebra en las cercanías del complejo deportivo de San Pablo de la capital hispalense. Temiendo quizás por el futuro de su ascendente carrera, Farruquito se dio entonces a la fuga. Tras ser detenido, se declaró culpable y durante el juicio, algunos testigos presenciales dijeron que el artista conducía a más de cien kilómetros por hora y él reconoció haber urdido un montaje para responsabilizar a su hermano menor de edad. En 2006 fue condenado por la Audiencia Provincial de Sevilla a dos años de prisión por homicidio imprudente y a otro año por omisión del deber de socorro. Acabó pasando un total de 14 meses en la cárcel de Sevilla tras acogerse a varios beneficios penitenciarios por ser considerado «un preso ejemplar». Su tragedia forma parte del metraje de 'Serás Farruquito', un documental de Santi Aguado y Reuben Atlas que recorre la intensa y azarosa trayectoria de un artista considerado «el mejor bailaor flamenco de este siglo» por 'The New York Times', y llega a los cines este 15 de mayo. «En aquel momento hubo muchas noticias totalmente falsas», comentó hace unos días Farruquito, nombre artístico de Juan Manuel Fernández Montoya. «Se decían cosas que no tenían nada que ver con la verdad y yo, como me di cuenta de que si me salía a defender no iba a servir de nada, pues me quedé callado. Pero hice mal, porque muchas cosas no fueron como se contaron. Yo sí tenía carnet de conducir, yo sí tenía seguro, y yo no inculpé a mi hermano menor. Ahora bien, lo que pasó es lo que pasó [...]. El miedo del momento me hizo tomar la peor decisión, y me arrepentiré siempre, y he pedido perdón y he pagado por ello». Nacido en el seno de una dinastía flamenca legendaria (hijo del cantaor Juan 'El Moreno' y la bailaora Rosario 'La Farruca' y nieto del mítico Farruco, creador de un estilo único), Farruquito encarna el legado de una de las estirpes gitanas más célebres del flamenco. Por lo visto era apenas un comino cuando se hizo aficionado al cante, hasta el punto de haber confesado que se considera un cantaor frustrado. De hecho, él ha dicho que nunca ha creído que esté especialmente dotado para bailar: «Dudé muchísimas veces en el camino de si lo hacía bien o no, y sigo dudando. Cada día me levanto como si fuera un principiante, y creo que es algo sano, porque he conocido a otros compañeros a los que les ha jugado malas pasadas el hecho de pensar que ya habían llegado a la cima. Creo que me aburriría y me hartaría de llorar si un día sintiera que ya ha llegado. Ese día me quitaría de bailar por respeto a mí mismo y al público, sobre todo». Con un talento innato prodigioso, Farruquito tenía cinco años cuando debutó en Broadway en el espectáculo 'Flamenco puro'. Al volver a casa le dijo a su abuelo que quería ser bailaor, y este se puso a formarle sin andarse con chiquitas. Con doce participó en la icónica película de Carlos Saura Flamenco, y a los quince creó y estrenó su primer espectáculo, Raíces Flamencas, su primer éxito internacional. Pero después de tocar el cielo con la punta de los dedos llegó el día de marras, todo un mazazo para un hombre que vio cómo la sociedad cambiaba totalmente su percepción sobre él. Durante aquella etapa gris, Farruquito se retiró una temporada y se casó ante un millar de invitados con su novia desde la infancia, Rosario Alcántara, madre de sus tres hijos. Tras salir de la trena se puso en manos de psicólogos para poder gestionar mejor el dolor por el daño causado tanto a la familia de Benjamín como a su propia gente. «Pasé muchos años lleno de dudas, lleno de inseguridades. No me gustaba nada de lo que hacía», comenta frente a la cámara. Al final, el bailaor sevillano de 43 años se convenció de que el flamenco iba a ser la mejor terapia y retomó el trabajo duro para recuperar su sitio perdido en los escenarios. Desde entonces ha impartido montones de clases de baile y protagonizado temporadas con entradas agotadas en nuestro país. Fuera de nuestras fronteras, el célebre Richard Avedon le llamó para hacerle unas fotos en su estudio y la revista People lo incluyó entre los cincuenta rostros más bellos del mundo. «Feo no me veo: me considero normal y corriente», comentó una vez un hombre cuyas producciones revolucionarias, donde también es músico y compositor, han redefinido el arte flamenco, fusionando la tradición más pura con una innovación vibrante. Hoy día, Farruquito sigue inspirando generaciones y mantiene vivo el latido del flamenco. De hecho, es todo un referente para su retoño, El Moreno, heredero natural del linaje. «Trato de enseñarle como sé y como puedo», reconoce. «Para ser un buen flamenco hay que ser humilde y trabajador. Me veo muchas veces reflejado en él, aunque su personalidad no tenga nada que ver con la mía. Pero sí que tiene ilusión y curiosidad. Le gusta tocar el piano, la guitarra, cantar, componer y bailar. En eso sí que creo que se parece mucho a mí».
Go to News Site