Cope Zaragoza
A tan solo dos días de las elecciones autonómicas del 17 de mayo, la provincia de Málaga se encuentra en la antesala de una nueva cita con las urnas. Los micrófonos de COPE Málaga han salido a la calle estos días para tomar el pulso de la campaña.. Más de 1.213.000 malagueños forman parte del censo electoral y están llamados a ejercer su derecho al voto, una responsabilidad que se vive y se siente de maneras muy distintas entre la ciudadanía. Desde el férreo compromiso con el deber democrático hasta un profundo escepticismo hacia la clase política, las calles de la provincia reflejan un mosaico de opiniones que definen el pulso social en vísperas de la jornada electoral. En el barrio de Miraflores de Los Ángeles, en la capital malagueña, reside María, una mujer de 86 años que encarna la memoria viva de la democracia española. Para ella, votar no es una opción, sino un pilar fundamental de su identidad como ciudadana. Con una claridad admirable, expresa una convicción que ha mantenido a lo largo de su vida, recordando tiempos en los que este derecho no existía. "Yo sí, voy a votar. Es mi obligación y mi derecho, desde que tengo uso de razón", afirma con rotundidad a los micrófonos de COPE. Esta percepción del voto como una obligación ineludible es compartida por Adriana, de 58 años, residente en el barrio de Ciudad Jardín. Originaria de Argentina y afincada en Málaga desde hace 25 años, considera que el sufragio es la herramienta más poderosa que tiene la ciudadanía para hacerse oír. Para ella, desentenderse de la política no es una alternativa viable, ya que las decisiones que se toman en las altas esferas impactan directamente en la vida de todos. "Tenemos que elegir quién nos va a gobernar a todos, y de eso no nos podemos desentender, esa es mi idea", explica con convicción. El compromiso de Adriana se manifiesta en un acto que para ella es fundamental: movilizar a su familia para que nadie se quede sin votar. Este año, la jornada electoral tendrá un significado especial, ya que sus hijas, acaban de cumplir 18 años y votarán por primera vez. Además, tiene previsto ir a buscar a su padre, de 94 años y residente en un centro de mayores, para que también pueda depositar su papeleta. Este gesto subraya la importancia que le otorga a cada voto individual como parte de un todo colectivo. Para otros, el voto se convierte en un vehículo para canalizar reclamaciones concretas y urgentes. Es el caso de Mercedes, una malagueña de 56 años que vive en Benalmádena. Aunque también considera el voto como una obligación, su principal motivación es exigir a los políticos que actúen sobre uno de los problemas más acuciantes de la provincia: la situación de la vivienda. El incremento desorbitado de los precios le afecta de manera directa, impidiéndole mudarse y encontrar una alternativa habitacional asequible. Su testimonio pone cara a una realidad que ahoga a miles de familias y que se ha convertido en un clamor popular durante la campaña. Mercedes lamenta la precariedad a la que se enfrentan los trabajadores para acceder a un hogar digno, una situación que, según ella, hipoteca el porvenir de las nuevas generaciones. "Un trabajador, hoy por hoy, no tiene un nivel adquisitivo para poder hacer frente a los costes de una vivienda", denuncia. Su preocupación se centra especialmente en los más jóvenes, quienes se encuentran con un panorama desolador a la hora de independizarse. Su reflexión final es tan contundente como reveladora del sentir general: "La juventud lo tiene muy mal, y la juventud es el futuro". En el otro extremo del espectro se encuentra la voz del desencanto. Joaquín, es malagueño, tiene 71 años, y a pesar de su escepticismo, nunca ha faltado a una cita electoral. Este año no será una excepción, pero su voto estará teñido de desconfianza. Joaquín considera que las promesas que los políticos lanzan durante la campaña electoral caen sistemáticamente en saco roto una vez que llegan al poder. Esta brecha entre las palabras y los hechos ha minado su confianza en el sistema y en quienes lo dirigen, un sentimiento que comparte una parte no desdeñable del electorado. Su visión del panorama actual es sombría y no alberga grandes esperanzas de que las elecciones vayan a suponer un cambio real. "Viendo cómo está el panorama, ya uno no puede confiarse de nada. Es tremendo y es lo que se está viendo cada día a día", reflexiona en los micrófonos de COPE Málaga. Para Joaquín, problemas clave como la vivienda, la inmigración ilegal o la sanidad no reciben la atención necesaria por parte de los gobernantes. Su crítica es directa y demoledora, apuntando a lo que él percibe como una desconexión total de la clase política con la realidad ciudadana: "La clase política es de lo peor que tenemos", sentencia. Así, a las puertas de una nueva jornada electoral, las historias de María, Adriana, Mercedes y Joaquín dibujan un retrato fiel de la sociedad malagueña. Una sociedad que, a pesar de sus diferencias, sus esperanzas y sus frustraciones, se prepara para acudir a las urnas. El 17 de mayo se medirá no solo el reparto de poder, sino también la fuerza de la participación ciudadana en un momento marcado por la incertidumbre económica y el creciente desapego hacia las instituciones. El resultado revelará qué voz ha pesado más: la del deber, la de la protesta o la del desencanto.
Go to News Site