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Madrid fue el escenario elegido para presentar en detalle el nuevo Alfa Romeo 33 Stradale de la mano de su diseñador Alejandro Mesonero-Romanos. Más allá de una exhibición estática, el evento permitió a la prensa conocer los pormenores del proyecto de la mano de su diseñador, y comprobar su comportamiento dinámico por las calles de la capital junto a un piloto oficial de la marca. Para comprender la magnitud de este modelo, es imprescindible remontarse a 1968, año en que el Alfa Romeo 33 original nació concebido para la competición. De aquel proyecto surgieron múltiples variantes, desde el Tipo 33 Periscopica para circuitos, hasta la aclamada versión Stradale —homologada para la calle— diseñada por Franco Scaglione. De la variante de competición se fabricaron doce unidades cerradas destinadas a participar en Le Mans, aunque, paradójicamente, ninguna llegó a competir en la mítica prueba de resistencia francesa. De esta docena, once salieron de fábrica en el clásico rojo de la firma, con la excepción de una única unidad pintada en azul bajo el encargo exclusivo de un príncipe. Este tono, asociado en Italia al cuerpo de los Carabinieri, fue bautizado de manera oficial desde entonces como «Azul Príncipe» dentro de Alfa Romeo. Con esta profunda herencia histórica, Alejandro Mesonero-Romanos asumió un reto mayúsculo. El español es, en la actualidad, una de las figuras más relevantes en el diseño automovilístico a nivel mundial. Tras liderar la transformación estética de SEAT durante la última década, crear la identidad visual de Cupra y pasar brevemente por Renault, es ahora el responsable de dirigir el rumbo estético del fabricante italiano. El modelo exhibido en Madrid se trataba de la unidad de pruebas número cero, el vehículo sobre el cual se ha desarrollado y afinado todo su comportamiento dinámico. Según confirmó el propio diseñador, el piloto de Fórmula 1 Valtteri Bottas ha recorrido más de 4.000 kilómetros con este ejemplar específico para su puesta a punto. Su destino final ya está trazado: una vez concluyan las pruebas dinámicas y su gira de exhibiciones por Europa, el automóvil pasará a formar parte de la colección permanente del museo de Alfa Romeo. La materialización de este proyecto supuso un complejo proceso de convicción en la cúpula directiva. Mesonero-Romanos reconoció que fue necesario un gran esfuerzo para persuadir a Carlos Tavares, máximo directivo de Stellantis. Aunque la respuesta inicial fue un «no» rotundo, el ejecutivo dejó una puerta abierta: el proyecto sería aprobado con la condición innegociable de que al menos el 50 por ciento de la producción estuviera vendida y con la reserva económica abonada antes de comenzar. Armado únicamente con unos bocetos en papel, el diseñador presentó la idea a los clientes y logró el objetivo, tras lo cual Tavares dio luz verde. El 33 Stradale se enmarca dentro de la «Bottega Fuoriserie», un departamento de máxima exclusividad y personalización creado en conjunto por Alfa Romeo y Maserati. Su objetivo es materializar proyectos especiales adaptados íntegramente a la medida del cliente. Los procesos de fabricación artesanal y a medida empleados en esta división sentarán las bases del futuro programa de personalización profunda que la marca implementará en sus próximos modelos de producción, como los futuros Stelvio y Giulia. La producción del 33 Stradale está estrictamente limitada a 33 unidades. Hasta la fecha, ya se han entregado seis vehículos, y la demanda ha sido tan elevada que 50 personas permanecen en lista de espera. Cada una de estas 33 unidades será absolutamente diferente a las demás. Además, todos los vehículos se entregan con un certificado de Alfa Romeo que asegura por escrito que no existe ni existirá otro coche idéntico. En cuanto a la paleta cromática, a pesar de lo que cabría esperar por la tradición de la firma, solo el 15 por ciento de la producción se fabricará en color rojo. El resto de las peticiones incluye tonos naranja, azul, gris, negro, amarillo, una clásica combinación en blanco y rojo, e incluso una carrocería en fibra de carbono vista solicitada por un cliente. Según reveló Mesonero-Romanos, esta última unidad representó un severo desafío de diseño, ya que requirió un trabajo de precisión milimétrica para asegurar que la trama de la fibra de carbono quedara perfectamente alineada en todas las uniones de los paneles. El proceso creativo se caracterizó por la intervención directa de los futuros propietarios, quienes se sentaron con la marca para definir cómo debería ser su 33 Stradale ideal. Entre las peticiones más recurrentes destacaron la similitud estética respecto al modelo original, la ausencia de alerones que rompiesen la limpieza de sus líneas y una filosofía purista para el habitáculo: exigieron que el volante sirviera única y exclusivamente para conducir, desprovisto de botones táctiles, mandos de radio o selectores de menú. Por su parte, Mesonero-Romanos tenía claro que no quería diseñar un vehículo retro, sino ofrecer una interpretación de cómo sería el 33 Stradale si hubiera nacido hoy. Esta pureza interior se ha llevado a la realidad. Los clientes han personalizado su volante limpio añadiendo frases elegidas por ellos, grabadas en el metal como si de un tatuaje se tratara. El interior prescinde por completo de los plásticos, apostando únicamente por el aluminio mecanizado y la piel. La única concesión al plástico se encuentra en las palancas de los mandos situados detrás del volante (luces e intermitentes), una decisión impuesta estrictamente por la normativa de homologación y seguridad. Bajo este diseño artístico se esconde una base técnica de alto nivel. El vehículo parte de la estructura central monocasco de fibra de carbono del Maserati MC20, aunque todo lo que rodea a ese esqueleto es completamente diferente. En el apartado mecánico, incorpora el motor V6 Nettuno. El origen de este propulsor cuenta con un trasfondo particular: fue diseñado inicialmente por Ferrari para dar vida al esperado Alfa Romeo 6C. Sin embargo, el proyecto fue cancelado por el entonces directivo Sergio Marchionne —una figura a menudo cuestionada por priorizar la rentabilidad frente a la pasión automovilística—. Afortunadamente, el desarrollo no se perdió, fue adoptado por Maserati y ahora termina impulsando al coche que corona a Alfa Romeo. En definitiva, presenciar este vehículo circulando por Madrid evidencia su verdadera naturaleza. Más allá de sus elevadas prestaciones o su diseño, el nuevo 33 Stradale transmite la inequívoca sensación de ser un automóvil concebido por y para la conducción, demostrando que, cuando un fabricante atiende a las demandas de los verdaderos apasionados de la marca, el resultado convence de manera rotunda.
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