El Plural
La visita de Trump a China no se entiende solo mirando a los dos presidentes. Hay que fijarse también en quiénes estaban en la sala. Junto al líder estadounidense viajaron algunos de los empresarios más influyentes del planeta: Elon Musk, Tim Cook o Jensen Huang, nombres que simbolizan la dependencia de Silicon Valley del mercado chino y, al mismo tiempo, la creciente pugna económica entre Washington y Pekín. Xi Jinping vio ahí una oportunidad. Según la agencia estatal Xinhua, el presidente chino aseguró que la puerta de China a los negocios "se abrirá cada vez más". También defendió una cooperación "mutuamente beneficiosa" con Estados Unidos y afirmó que las empresas estadounidenses tendrán "perspectivas aún más amplias" en el mercado chino. Era un mensaje dirigido a los ejecutivos presentes, pero también a los mercados internacionales, a los inversores inquietos por la desaceleración china y a las multinacionales que se preguntan hasta qué punto sigue siendo seguro apostar por el gigante asiático. MÁS INFORMACIÓN Trump y Xi escenifican en Pekín una tregua estratégica entre elogios y advertencias La escena tenía mucho de fotografía calculada. Trump presentó uno por uno a 17 grandes empresarios estadounidenses ante Xi. Entre ellos estaban Musk, dueño de Tesla y SpaceX; Huang, consejero delegado de Nvidia, compañía clave en la carrera global por la inteligencia artificial; y Cook, máximo responsable de Apple, una empresa que durante años ha resumido como pocas la relación entre la innovación estadounidense y la maquinaria industrial china. Detrás de la promesa de apertura hay una necesidad evidente. Pekín quiere recuperar confianza, frenar la percepción de que invertir en China es cada vez más incierto y recordar a Silicon Valley que, pese a la tensión política, sigue habiendo demasiado dinero en juego como para romper amarras. Xi busca aliados en el corazón del poder corporativo estadounidense Uno de los elementos más relevantes de la visita es el papel que China parece reservar a las grandes empresas estadounidenses. Según recoge el mencionado texto, un alto ejecutivo estadounidense instalado en China interpreta que Xi quiere que esas compañías actúen como una "fuerza estabilizadora" en la deteriorada relación entre Washington y Pekín. Es decir, que los gigantes empresariales sirvan como intermediarios, como dique de contención o incluso como grupo de presión ante una Administración Trump marcada por los aranceles, los controles tecnológicos y la confrontación geopolítica. La lectura es clara: China intenta separar, en la medida de lo posible, la relación con el poder político estadounidense de la relación con el poder económico del país. Aunque Washington endurezca su posición, Pekín sabe que muchas grandes compañías de EEUU siguen dependiendo del mercado chino, de sus cadenas de suministro o de su capacidad industrial. Tesla, Apple y Nvidia son tres ejemplos especialmente visibles. Trump lo expresó con su estilo habitual, entre el halago y la escenificación de poder. "Tenemos a los mejores empresarios del mundo... y están aquí hoy para mostrarle respeto a usted, a China", dijo ante Xi. Para Trump, esos empresarios son parte de su relato:...
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