COPE
El caos recurrente en el servicio de Rodalies de Cataluña ha llevado a David Pujol, un estudiante de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), a tomar una drástica decisión: presentar una reclamación de 9.211,35 euros a Renfe por lo que considera un “servicio fraudulento y continuado”. En una entrevista en el programa “Herrera en COPE Cataluña”, Pujol ha relatado el calvario que vive a diario, con constantes cancelaciones y retrasos que no solo le hacen perder horas de estudio, sino que han afectado gravemente a su salud mental. Su caso pone de manifiesto el drama personal que se esconde detrás de las cifras y estadísticas de un servicio que, teóricamente, ya se ha normalizado. David Pujol, usuario de Rodalies desde el pasado mes de octubre para acudir a la universidad, ha explicado cómo un trayecto que en coche duraría 40 minutos se convierte en una odisea de hasta cuatro horas en transporte público. “Yo vivía a dos horas y cuarto de la universidad, y los buenos días eran dos horas y media, pero ha habido días de ser cuatro horas solo de ida”, ha detallado. Esta situación le ha obligado a levantarse de madrugada para intentar llegar a tiempo a clase. Pujol ha documentado cada incidencia, presentando una reclamación por cada tren suprimido o cada retraso, por mínimo que fuera, acumulando un historial de agravios que finalmente ha desembocado en su contundente denuncia. El joven ha recordado un episodio especialmente crítico ocurrido el pasado 25 de mayo. “Tenía que estar a las siete en la Autónoma. Salí de casa a las 4:40 de la mañana”, ha relatado. Sin embargo, sus planes se vieron frustrados: “El tren de las 6:21 fue suprimido, el siguiente también, y el de las 7:53 llegó con 15 minutos de retraso”. El resultado fue que llegó a su destino a las 8:40, casi cuatro horas después de salir de casa, mientras la información oficial sostenía que el servicio funcionaba con normalidad. La impotencia ante la falta de información es una de las quejas centrales del estudiante, que se ha sentido completamente desatendido por la compañía. La frustración de Pujol ha aumentado ante la nula respuesta de los canales de atención al cliente. “Cuando el tren no sale, es como si te cayera un cubo de agua helada, me quedé de piedra”, ha confesado, describiendo la sensación de impotencia. A esto se suma que “nadie informa, llamas al teléfono de Rodalies o expones una queja en Twitter y no responde nadie, aunque veas que el community manager está activo”. Las reclamaciones formales tampoco han ofrecido una solución. Según Pujol, las respuestas de Renfe son “muy básicas, un copia y pega para todo el mundo”, e incluso la queja elevada al Síndic de Greuges se saldó con una contestación administrativa que no aportaba ninguna solución real. El impacto de esta situación ha trascendido la mera pérdida de tiempo y ha afectado profundamente a la esfera personal de David Pujol. “Mentalmente, mi personalidad ha cambiado”, ha afirmado con rotundidad. El joven ha explicado cómo el estrés y la incertidumbre constantes han transformado su carácter. “Yo he sido siempre una persona muy puntual, y desde que me ha pasado todo esto con Rodalies llego tarde a los sitios”, ha lamentado. Este cambio forzado en su forma de ser es uno de los pilares de su reclamación por daños morales, al sentir que la negligencia del servicio le ha robado una parte de su identidad. Para sustentar su denuncia, Pujol cuenta con un informe psicológico que acredita las consecuencias que el caos de Rodalies ha tenido en su bienestar. El documento profesional “cuantifica y explica cómo Rodalies me ha causado daños morales y mucha ansiedad”. Entre los efectos descritos, el estudiante ha mencionado la pérdida de ganas de comer en múltiples ocasiones y la incapacidad para dormir correctamente. Esta prueba pericial es clave para demostrar que el impacto del deficiente servicio va mucho más allá de un simple inconveniente en sus desplazamientos diarios, constituyendo un problema de salud. La cifra total que David Pujol reclama a Renfe asciende a 9.211,35 euros. De esta cantidad, 211,35 euros corresponden a los costes de los títulos de transporte adquiridos, una cifra exacta que refleja los billetes pagados por un servicio no recibido adecuadamente. Los 9.000 euros restantes son en concepto de daños morales, una cantidad que el propio Pujol considera “moderada”. Este importe se desglosa en 4.500 euros por el impacto en su salud mental, 2.000 euros por la afectación a su vida social y otros 2.000 euros por la vulneración de sus derechos como consumidor. Con esta acción, Pujol no solo busca una compensación, sino también visibilizar un problema que afecta a miles de usuarios diariamente y que, como ha subrayado el presentador José Miguel Cruz, sigue ocurriendo a día de hoy con trenes que “continúan desapareciendo”.
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