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Jaca y sus relojes: la historia que desvela una pionera del siglo XVII y una 'guerra' de campanadas | Collector
Jaca y sus relojes: la historia que desvela una pionera del siglo XVII y una 'guerra' de campanadas
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Jaca y sus relojes: la historia que desvela una pionera del siglo XVII y una 'guerra' de campanadas

La historia de la Torre del Reloj de Jaca, anteriormente conocida como Torre del Merino, sigue desvelando detalles sobre la vida de la ciudad en el siglo XVII. Según explica Juan Carlos Moreno, de la Asociación Sancho Ramírez, tras la decisión de los seglares en 1599 de trasladar el reloj desde la catedral, el consistorio tuvo que abordar su mantenimiento. La primera "capitulación del reloj", un contrato de mantenimiento, data de 1614. Un año después, el 30 de octubre de 1615, se firmó otro con Juan Lobaco, miembro de una conocida saga de cerrajeros y fabricantes de armas. Este contrato incluía "el arreglo del plomo del tejado" y la instalación de "una gran cerraja" para controlar el acceso a la maquinaria, ya que la cárcel se encontraba justo debajo. Uno de los episodios más singulares de la época ocurre en 1622, cuando Ambrosio Lobaco, responsable del mantenimiento e hijo o sobrino de Juan Lobaco, fallece. Su mujer, en un gesto poco común para la época, se ofreció formalmente al Ayuntamiento de Jaca para asumir la tarea. Moreno la describe como una "brava jacetana", que "debía de colaborar con el marido en el mantenimiento" y conocer a la perfección los engranajes del reloj. Su ofrecimiento fue claro: "mira, yo me encargo de mantenimiento". La complejidad de la vida urbana en Jaca se evidencia con un apunte de 1640. El 14 de septiembre de ese año, el cabildo catedralicio acordó "arreglar el reloj de la catedral, ya que el de la ciudad está estropeado y no da las horas". Este documento, según Moreno, "dice muchas cosas", pues confirma que la catedral había instalado su propio reloj, independiente del municipal. Si a estos dos se suma el que se encontraba en el monasterio de San Francisco, la ciudad contaba con al menos tres relojes. Moreno bromea con la situación que se produciría a mediodía: "a las 12 de la mañana esto sería una juerga". La Torre del Reloj no solo marcaba el tiempo, sino que también era un punto de referencia para la salud pública. En el siglo XVII, el doctor José Carrera envió una carta al concejo en la que reivindicaba "las cualidades de la fuente de la torre del reloj", ubicada en la actual plaza del Marqués de la Cadena. El médico alababa su agua por ser "limpia y pura", ya que provenía de un manantial, a diferencia del agua de los pozos que consumía la mayoría de la población. El doctor Carrera advertía de los peligros del agua de pozo, especialmente durante las sequías. En esos periodos, el agua estancada se contaminaba con "los restos de los orines" que se vertían en las calles y que acababan filtrándose. Esta contaminación provocaba enfermedades como el tifus. La recomendación del médico de consumir "agua de manantial, que no agua de pozo" demuestra, en palabras de Moreno, que había "gente con los pies en el suelo, gente sensata", con conocimientos avanzados para su tiempo. Estas revelaciones forman parte de la labor de divulgación de la Asociación Sancho Ramírez, que también organiza un ciclo de conferencias. La próxima ponencia correrá a cargo de la doctora Ana Isabel Peña, quien hablará sobre Blanca de Anjou, la reina que selló la paz para la Casa Real de Aragón tras ser excomulgada por el Papa por sus intereses en Nápoles. Casada con Jaime II a los 13 años y madre de diez hijos, fue una "mujer tremenda" que mantuvo una buena relación con el rey, a diferencia de lo que ocurrió entre la reina Urraca y Alfonso el Batallador.

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