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La huérfana fantasma | Collector
La huérfana fantasma
Diario CÓRDOBA

La huérfana fantasma

Hace ilusión reencontrarse con el paisaje literario de ‘Las normas de la casa de la sidra’, porque adorábamos al doctor Larch tanto como lo hacían sus enfermeras, y porque su figura, con la imperfección adicta al éter de los médicos que también quieren ser enfermos, era la fuerza de gravedad para que el espíritu dickensiano de la obra de John Irving (Exeter, Nuevo Hampshire, EEUU, 1942) pusiera los pies en la tierra (aquí hay cita literal a ‘Grandes esperanzas’). Inmersos en lo que parece anunciarse como un ‘spin off’ de aquella novela, ‘La reina Esther’ empieza densa y digresiva, como si le diera pereza presentar a la heroína del título, dando vueltas y más vueltas sobre varios orfanatos, y anclándose en retratar la insólita tolerancia de los Winslow, que serán la familia de acogida de Esther, esta rebelde con causa, abandonada en la puerta de St. Cloud por ser judía, predestinada a ser apátrida pese a recalar en un hogar soñado y disfuncional, esa clase de refugios para gente buena y excéntrica que tanto le gustan a Irving.

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