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The Brotherhood: el club de skate que enseña a Murcia a levantarse sobre cuatro ruedas | Collector
The Brotherhood: el club de skate que enseña a Murcia a levantarse sobre cuatro ruedas
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The Brotherhood: el club de skate que enseña a Murcia a levantarse sobre cuatro ruedas

Premiado por rescatar a jóvenes del aislamiento y el abandono escolar, The Brotherhood (La Hermandad) utiliza la tabla de skate no solo como un complemento deportivo, sino como una herramienta de vida Asíplanchaba, la comunidad de skate femenino que busca dar visibilidad a las mujeres y luchar contra los estereotipos Lo que comenzó como un gesto de gratitud en una pequeña tienda de skate se ha transformado en un referente nacional de intervención social. Premiado por rescatar a jóvenes del aislamiento y el abandono escolar, The Brotherhood (La Hermandad) utiliza la tabla de skate no solo como un complemento deportivo, sino como una herramienta de vida. Para Asier Uriarte, presidente del club, el skateboarding representa el 75% de su existencia. Fue la disciplina que le dio sus amistades, su pareja y, sobre todo, una lección fundamental: “El skate me ha enseñado a caer y seguir levantándome”. Esa resiliencia es el alma de una entidad que, desde su fundación el 18 de marzo de 2019, ha convertido el asfalto murciano en un aula de valores y un salvavidas psicosocial. De la tienda, a una “familia extra” Parte de la familia de The Brotherhood La historia de The Brotherhood no nació en un despacho, sino en el mostrador de una tienda. Asier, entonces propietario de un negocio especializado, comenzó a ofrecer clases gratuitas como agradecimiento a sus clientes más fieles. El éxito fue inmediato; fueron los propios padres quienes solicitaron formalizar un club donde sus hijos no solo aprendieran técnica, sino que sintieran que “formaban parte de algo especial”. El nombre, The Brotherhood (La Hermandad), no es casualidad. Define una estructura de “familia extra” donde los patinadores veteranos cuidan de los novatos. Esta filosofía se refleja incluso en su gobernanza: una junta directiva compuesta por tres mujeres y dos hombres que apuesta por la igualdad de género desde la cúpula. Lucía Nicolás pasó de usuaria a voluntaria en The Brotherhood Lucía Nicolás es el ejemplo vivo de esta evolución. Entró al club en 2020, con 14 años, siendo la primera alumna femenina. “Llegué arrastrando cosas muy pesadas de las que no había hablado nunca. Sentía que no encajaba en ninguna parte”, confiesa. “El primer día, Asier me puso la tabla bajo los pies y me dijo: ”vamos a conseguir que te mantengas de pie“. Me caí cinco veces en diez minutos y nos reímos juntos. Ahí sentí que podía respirar”. Hoy, a sus 20 años, Lucía es entrenadora y voluntaria, devolviendo el apoyo recibido a las nuevas generaciones. “Skateboarding Saved My Life”: un salvavidas pospandemia El verdadero giro del club ocurrió tras la crisis del covid-19. El equipo detectó que los jóvenes regresaban a las pistas con graves cuadros de depresión, aislamiento y conductas autolesivas. “El deporte pasó a un segundo plano; lo importante pasó a ser todo lo demás”, explica Asier. Esta labor captó la atención de los Servicios Sociales de Murcia, dando lugar al programa “Skateboarding Saved My Life”. El proyecto interviene en barrios desfavorecidos como la pedanía murciana de Los Ramos y recientemente se ha ampliado a Barriomar . Los resultados son tangibles: el club ha logrado la escolarización de niñas de etnia gitana que han titulado en la ESO y jóvenes que han alcanzado el Bachillerato, alejándolos de entornos de riesgo. La voz de los barrios: Manuel y Kaoutar El éxito del proyecto se mide en sus historias personales El éxito de este proyecto se mide en las historias personales de quienes cada día se suben a la tabla. Manuel, un joven de 12 años de etnia gitana, es el vivo ejemplo del cambio de actitud que se respira en el club. Para él, el club es un espacio de igualdad plena: “Aquí me tratan bien como a los demás, todos somos iguales”. Más allá de la técnica, el deporte le ha servido como una herramienta de control de la ira y madurez emocional. Manuel recuerda que, anteriormente, “si algo no me salía, me peleaba con todo el mundo”. Sin embargo, el patinaje le ha enseñado a canalizar la frustración: “Con el skate aprendí que si te enfadas, patinas peor. Ahora pido ayuda y no exploto”. Esta evolución le ha permitido desarrollar una convivencia basada en la tolerancia, afirmando que ahora sabe “escuchar, compartir y respetar, aunque no piensen como yo”. Por su parte, Kaoutar, de 14 años y origen marroquí, pone voz a la confianza ganada a través del esfuerzo. Su proceso de superación personal nació de la pérdida del miedo al juicio externo: “Como te caes delante de todos y nadie se ríe de ti, aprendes que no pasa nada si te equivocas”. Esa seguridad ha traspasado las pistas de skate , logrando que ahora “participe más en clase”. Kaoutar destaca la integración real que define la identidad del grupo, donde la procedencia queda en un segundo plano frente al compromiso personal: “Aquí no importa de dónde venga tu familia. Hay gitanos, marroquíes, sudamericanos, españoles... lo que importa es que te esfuerces”. El reto: un gigante sobre pistas “deplorables” Asier con algunos de sus chicos y chicas Paradójicamente, el club más fuerte de España carece de instalaciones adecuadas. Asier denuncia que las pistas en Murcia tienen 30 años de antigüedad, con grietas y agujeros peligrosos. Manuel lo confirma con tristeza: “Fuimos al skate park 'El Barnés' y no pudimos patinar bien; está sucio, viejo y es peligroso”. El joven sueña con un lugar de suelo liso, rampas sin grietas y luces para patinar hasta tarde con su familia. A pesar de contar con galardones como el Premio Fundación Ibercaja 2025 y la Mención de Honor en los Premios del Voluntariado, el apoyo institucional sigue sin estar a la altura del impacto social generado. A diferencia de otras entidades, The Brotherhood no busca la expansión masiva o la apertura de sucursales. Su objetivo es preservar el formato familiar y un equipo humano alineado con sus valores sociales. Para ellos, el éxito no se mide en trofeos, sino en cada joven que aprende que ninguna caída es definitiva si hay una hermandad dispuesta a ayudarle a levantarse.

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