El Plural
Hay cartas que no deberían escribirse nunca. Que nacen de un dolor tan profundo que no buscan consuelo, sino impedir que otra familia tenga que recorrer el mismo camino. La de Carmen Villanueva Ruiz, madre de Javi, un joven de 17 años que se suicidó el pasado 22 de abril, pertenece a esa clase de textos: los que no se leen solo con los ojos, sino también con una pregunta incómoda de fondo. ¿Qué ocurre cuando una familia pide ayuda durante años y no llega a tiempo? ¿Qué ocurre cuando una familia pide ayuda durante años y no llega a tiempo? Más que una cifra La historia de Javi, contada por su madre, no puede reducirse a una cifra. Pero tampoco puede separarse del contexto general. El suicidio sigue siendo una de las grandes preocupaciones de salud pública. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2024 fue la segunda causa de muerte externa en España (después de las caídas accidentales), con 3.846 fallecimientos, un 6,6% menos que en 2023. El descenso no elimina la gravedad del problema: detrás de cada dato hay una vida, una familia y, muchas veces, una cadena de señales que llegaron antes del desenlace. El ministerio de Sanidad mantiene activa la Línea 024 de atención a la conducta suicida, un servicio gratuito, confidencial y disponible las 24 horas del día, los 365 días del año, dirigido tanto a personas con ideación suicida como a familiares y allegados. Sanidad recuerda, además, que este recurso "no pretende reemplazar ni ser alternativa a la consulta presencial con un profesional sanitario cuando sea necesaria". La carta de Carmen habla precisamente de esa frontera: la que separa el acompañamiento, la orientación o la promesa de una valoración futura de una atención especializada suficiente cuando el riesgo ya es evidente para quienes conviven con la persona afectada. "Tu lucha no será olvidada" Me llamo Carmen Villanueva Ruiz, y escribo esta carta desde el dolor más profundo que puede existir para unos padres: la pérdida de un hijo. Nuestro hijo Javi falleció el pasado 22 de abril con tan solo 17 años, después de años luchando contra una enfermedad mental que acabó consumiéndolo mientras nosotros pedíamos ayuda desesperadamente a un sistema que nunca llegó a tiempo. Javi empezó a tener problemas de salud mental con apenas 12 años. Lo que al principio parecían dificultades emocionales fue convirtiéndose, año tras año, en un sufrimiento insoportable. Durante seis largos años acudimos a la USMI, seguimos cada pauta médica, asistimos a consultas, pedimos orientación y llamamos a todas las puertas que conocíamos. Pero mientras nosotros suplicábamos ayuda, la situación de nuestro hijo empeoraba cada día más. Su mente se convirtió en su peor enemigo. Vivía atormentado por pensamientos constantes de muerte, por voces que le hacían sufrir enormemente y por una dependencia cada vez mayor de la medicación. Había días en los que solo quería dejar de sentir ese dolor. Nosotros, como padres, convivíamos con el miedo permanente de que pudiera hacerse daño. Pedimos ayuda una...
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