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El Cachorro en Roma: un año de la procesión que cambió para siempre la historia de las cofradías | Collector
El Cachorro en Roma: un año de la procesión que cambió para siempre la historia de las cofradías
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El Cachorro en Roma: un año de la procesión que cambió para siempre la historia de las cofradías

Hace 365 días, todos los ojos del mundo de las cofradías estaban puestos en Roma. Los del Cachorro, perdidos en la atemporalidad de la muerte, miraban al cielo de la ciudad eterna en una procesión que más que grande fue gigantesca y colosal. El culmen del Jubileo de las Cofradías impulsado por el recordado Papa Francisco gracias a la iniciativa de una andaluza, Paloma Saborido, se materializó el 17 de mayo de 2025 en una jornada que un año después ya está escrita con letras de oro en la historia de los cofrades, de la religiosidad popular y de Sevilla. Atrás quedaba un año y medio de especulaciones, preparativos, ilusión, trabajo e importantes retos logísticos y económicos que los de Aldea habían afrontado con valentía. Una auténtica espiral de emociones que se fue retociendo conforme se acercaba la fecha del viaje, que se tambaleó con la muerte del Santo Padre, pero que finalmente salió adelante con algunas rectificaciones sobre la hoja de ruta inicial. Cuando el miércoles 14 de mayo Internet se inundó con las fotografías del Cristo de la Expiración y la Virgen de la Esperanza de Málaga expuestos al culto en la basílica de San Pedro del Vaticano, todo lo demás dejó de importar. Para tal hito sin precedentes se encontraban situados muy cerca de los fieles en la capilla de la Presentación, donde reposa el cuerpo incorrupto de San Pío X. Durante tres días, personas de todo el mundo rezaron y se asombraron ante dos de las imágenes más universales de Andalucía en el corazón de la cristiandad, en medio de la majestuosidad del Barroco italiano en el que el Cachorro, lejos de empequeñecerse, se hizo aún más grande. En la mañana del viernes 16, el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, ofició una multitudinaria eucaristía conjunta entre la Archidiócesis de Sevilla y la Diócesis de Málaga en la Cátedra de San Pedro de la basílica. Fue unas horas antes del acto de bienvenida en San Juan de Letrán con el que dio comienzo de forma oficial el Jubileo de las Cofradías. Fue entonces cuando terminó la veneración en el primer templo de los católicos, viviéndose un momento tan íntimo como especial con el traslado del crucificado por las naves vaticanas. Roma estaba completamente tomada por los sevillanos y malagueños. El día siguiente, el Señor amaneció en su paso en el tinglado desde el que por la tarde habría de salir en una nueva cita con la historia. Brillaba el sol cuando la comitiva de una procesión internacional conformada por iconos devocionales llegados desde Italia, Francia, Portugal y también España con la presencia del Nazareno de León comenzó a recorrer las calles de Roma. Tras ellos echó a andar la cofradía perfecta compuesta por el cortejo del Cristo de la Expiración y el de la Virgen de la Esperanza, que se abrieron paso por algunos de los espacios más monumentales de la capital italiana dejando estampas imposibles de borrar de la retina. Una gran banda formada por unos 180 músicos de la Oliva de Salteras y la Municipal de La Puebla del Río interpretó los inconfundibles sones de 'El Cachorro (saeta sevillana)' mientras la obra cumbre de Ruiz Gijón alcanzaba el imponente Coliseo dando un nuevo significado a la partitura de Gámez Laserna. Después quedó perfectamente enmarcado con el Arco de Constantino a sus espaldas mientras la expedición sevillana aún se frotaba los ojos por la incredulidad ante la grandeza de lo que estaba contemplando. Aunque los cofrades estaban separados de la imagen por unas vallas a gran distancia, no frenaron estas el ánimo de los asistentes a una procesión única e irrepetible. Las andas del Dios trianero recorrieron el Circo Máximo, donde se había instalado el palco de autoridades. Al comenzar el regreso, mientras avanzaban junto al monte Palatino y sus antiquísimos yacimientos arqueológicos, el público se saltó las vallas e hizo suya la procesión colocándose alrededor del paso como si este discurriera por la calle Castilla un Viernes Santo. Y tanto se quiso parecer la tarde a la del día que muere Cristo que, a la salida del Circo Máximo, las nubes ennegrecieron el cielo y comenzó a llover . El ritmo de la procesión se volvió apresurado rumbo al tinglado, ya que no había lugar para resguardarse. Los sevillanos, a golpe de aplauso y de palabras de aliento, arroparon como nunca a su Cristo, que se libró del agua ya llegando de nuevo al Coliseo con la noche primaveral caída sobre la ciudad eterna. El olfato de Peña y Buenvarón hizo que sonara 'Amarguras' para que el Cachorro sellase para la eternidad el momento culmen de la tantas veces centenaria historia de las cofradías sevillanas. Los últimos compases de la Gran Procesión fueron los más melancólicos. Se consumaba por la via Claudia, tras casi cuatro kilómetros de recorrido, una larga jornada soñada por todos. Ni los caprichos de la meteorología ni los protocolos de seguridad empañaron una experiencia en la que Sevilla y su forma de entender la Semana Santa y la fe estuvieron en el centro de todas las miradas. El sentido abrazo compartido por tantos de los presentes cuando se cerraron las puertas de la carpa y todo había concluido fue la imagen simbólica del punto y aparte que suponía el Jubileo de las Cofradías. Aún quedaba el epílogo del viaje de vuelta al Patrocinio y el reencuentro del Cristo de la Expiración con su gente. Pero aquella noche de mayo se estableció la acepción última del calificativo 'histórico' , tan manido en los últimos tiempos entre las hermandades. Allí, en aquel momento, comenzó una nueva era. Este domingo podemos decir que se ha cumplido el año primero después del Cachorro en Roma.

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