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El hantavirus circula en España desde los años 90 y Soria y Burgos «son sus principales guaridas»
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El hantavirus circula en España desde los años 90 y Soria y Burgos «son sus principales guaridas»

El primer caso de hantavirus documentado con solidez en publicaciones científicas en España data de 2017. Se trataba de un joven que había estado haciendo senderismo en Nepal. Sin embargo, diversas investigaciones de la Universidad de Alcalá (Madrid) basadas en pruebas serológicas -análisis de sangre que detectan si una persona ha generado anticuerpos contra un virus- realizadas a población y roedores, animales que transmiten la infección, demuestran que mucho antes, entre 1996 y 2002, estos patógenos que nos pusieron en vilo tras el brote del crucero MV Hondius, ya circulaba en algunas zonas agrícolas de las provincias de Soria y Burgos. Los análisis clínicos realizados a varios ciudadanos de la zona norte de estas dos provincias de Castilla y León identificaron que en aquellos años dos cepas distintas de hantavirus, una que causaba enfermedad y otra que no, ya provocaban infecciones, en su mayoría asintomáticas. Ningún caso saltó a las revistas científicas ni aparece en los registros científicos nacionales y europeos porque la mayoría cursaron sin sintomatología o con cuadros sumamente leves. El catedrático de Medicina de la Universidad de Alcalá, José Vicente Saz, que dirigió las investigaciones, explica a ABC las principales conclusiones a las que llegaron en los años 90. «Empezamos a poner el foco sobre estos virus ya en el año 1992», dice Saz. Explica que justo en el inicio de sus investigaciones, en 1993, tuvieron noticia de las primeras infecciones por la variante americana de hantavirus. «Nos llegó la noticia de que en una reserva india de Estados Unidos se había registrado la primera epidemia causada por el virus americano, al que llamaron virus Sin Nombre (ya figura en la literatura científica). Nosotros estábamos centrados en comprobar si en España, al igual que en el resto de países de Europa, circulaba la variante europea de hantavirus (Puumala), mucho más leve y frecuente que las americanas y con baja mortalidad. Queríamos documentar la presencia de patógenos zoonóticos en este territorio, entre ellos los hantavirus», dice el catedrático. Los primeros resultados se obtuvieron en 1995, fruto de la tesis doctoral de María Isabel Gegúndez , dirigida por él. Se estudiaron sueros humanos y de roedores salvajes y se analizaron para comprobar si contenían anticuerpos contra el virus, es decir, si las personas o animales se habían infectado por hantavirus y su sistema inmunológico había reaccionado a la infección. Usaron como antígeno células infectadas con los virus 'Puumala, Seoul y Hantaan' hantavirus europeos, que causan cuadros leves en la mayoría de los casos y que presentan una mortalidad baja. En las investigaciones realizadas por el equipo de la Universidad de Alcalá en las áreas de Soria y Burgos, que se ampliaron con estudios posteriores hasta finales de los años 90, se halló evidencia serológica de infección por hantavirus en un 2% de la población y en un 10% de los roedores de la zona norte de esta provincia, un área eminentemente rural. «Vimos que había dos cepas de este virus. Una, poco virulenta, que se relacionaría con cuadros clínicos leves o infecciones inaparentes, y otra, antigénicamente relacionada con el virus Seoul, que sería la responsable de los cuadros diagnosticados médicamente», señala el investigador. «Analizamos los sueros humanos y de roedores salvajes mediante técnicas de inmunofluorescencia indirecta -utiliza un microscopio de fluorescencia para visualizar anticuerpos unidos a tejidos, emitiendo un color verde característico-, ya que en aquel momento no había técnicas más sofisticadas como las PCR para detectar la presencia de la infección», explica el catedrático de Medicina. «La caracterización de las dos cepas identificadas en la zona resultó fundamental para comprender la evolución clínica de los pacientes que entraban en contacto con el patógeno en el entorno rural», apunta José Vicente Saz. Las investigaciones sirvieron para detallar los perfiles de las cepas detectadas en Soria durante los años noventa: una variante poco virulenta, que los científicos relacionaron con cuadros clínicos de carácter leve o incluso con infecciones inaparentes que el paciente superaba sin ser consciente, y una segunda cepa, vinculada antigénicamente con el virus Seoul, que fue señalada como la responsable directa de los cuadros médicos diagnosticados. «Durante los años de investigación analizamos los sueros de más de 2.000 personas de las citadas áreas rurales de Castilla y León. Además, nos iban reportando cuadros de afectación nefrológica compatibles con la infección, que también analizábamos. Los centros sanitarios nos enviaron posibles infecciones durante todo este tiempo», apunta José Vicente Saz. Años más tarde, un nuevo artículo publicado en 2002 por la Revista Clínica Española volvió a poner el foco en estas infecciones a raíz de un caso clínico en Barcelona. El documento reafirmó que en España existen los roedores que constituyen el reservorio de la infección y recordó los datos de prevalencia obtenidos previamente por los estudios de la Universidad de Alcalá en Soria y otras provincias. Saz y su equipo consideran, basándose en la evidencia que hay en Europa, que, además de las zonas estudiadas en sus análisis, algunas comunidades como Cataluña el País Vasco o Cantabria podrían ser, por sus características, «buenos reservorios del hantavirus». «Con toda probabilidad por sus características climatológicas y por la existencia de amplias zonas rurales estas comunidades podrían ser también guaridas del virus como las áreas rurales de Castilla y León», avanza el catedrático de Medicina de la Universidad de Alcalá, que lideró las investigaciones. Por otro lado, y ante la preocupación generada tras la pandemia de Covid-19, el experto insiste en que este hantavirus no presenta las mismas características, aunque se trate de las variantes más graves. «A diferencia del coronavirus, combina una alta gravedad con una baja capacidad de transmisión. Por ello, la posibilidad de una pandemia global es muy baja», aclara José Vicente Saz. No obstante, subraya la importancia de seguir investigando las enfermedades zoonóticas y la relación entre animales y seres humanos para mejorar la prevención y el conocimiento científico. El experto recuerda las diferentes características que presentan las dos grandes variantes de los virus presentes en Europa, Asia y América. Antes, subraya que el hantavirus «no es un único virus, sino una familia con más de 20 especies distribuidas por todo el mundo que se agrupan en tres grandes bloques: asiático, europeo y americano, cada uno con manifestaciones clínicas diferentes». Según explica el catedrático, los hantavirus asiáticos pueden causar fiebre hemorrágica con afectación renal y una mortalidad elevada. Por su parte, las variantes europeas suelen presentar cuadros menos graves, con mejor evolución clínica. Por lo que respecta a los hantavirus americanos, los que generan mayor preocupación en la actualidad, pueden provocar síndromes respiratorios graves con una alta mortalidad, muy por encima de las variantes asiática y europea. «Además en los hantavirus americanos se incluye la especie de los Andes, localizada en el crucero, la única que permite el contagio entre personas», puntualiza. Ante la confirmación histórica de que los roedores portadores habitan en los campos españoles, los autores del estudio concluyeron la necesidad de mantener la alerta sobre la presencia de la infección en nuestro país. Los facultativos, por su parte, recomendaron incluir la enfermedad por hantavirus en el diagnóstico diferencial cuando se presentaran síndromes en los que no se consiguiera determinar una causa etiológica clara. «No se trata de generar alarma porque los niveles de seroprevalencia detectados en las zonas estudiadas son bajos y las variantes localizadas causan cuadros leves o asintomáticos, aunque es importante saber que ese virus, al igual que en la inmensa mayoría de países europeos también infecta en España», concluye Saz.

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