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José Moro: «Haría una cata a ciegas con Marcos Llorente con vinos de 50, 120 y 10.000 euros» | Collector
José Moro: «Haría una cata a ciegas con Marcos Llorente con vinos de 50, 120 y 10.000 euros»
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José Moro: «Haría una cata a ciegas con Marcos Llorente con vinos de 50, 120 y 10.000 euros»

Propietario de Cepa 21, siente el vino como el fútbol: desde las entrañas. Hoy habla para ABC. —¿Qué lugar ocupa el deporte en su día a día? —Llevar una vida tan ajetreada como llevamos, si no regulas tu cuerpo y lo pones en funcionamiento desde por la mañana vas a ir mal. Te activa desde la cabeza a los pies. Yo hago deporte, sin la intensidad de antes, pero hago mi tabla para fortalecer mi cuerpo y ando una hora. —Usted fue vicepresidente del Real Valladolid. ¿Qué le queda de aquella etapa? —El cariño por la ciudad de donde soy, el equipo en el que jugué como juvenil, de jovencito. Mucho cariño y buenos recuerdos. Fue una experiencia, un aprendizaje, aunque no salió muy bien. Pero me siento feliz por haber contribuido, en aquellos, años en que subimos a Primera división e hicimos grandes cosas, desde la óptica de la comunicación y para acercar el club a la sociedad. Lo hice desinteresadamente y me hizo feliz. —Lo mejor y lo peor del período. —Lo mejor, defender con ilusión los colores y al equipo de mi ciudad. Lo peor, el socio con el que me alineé para llevar a cabo ese proyecto. —Además del blanquivioleta, ¿le tira algún color más, aunque sea neutro? —Hay colores que me suenan mejor, me producen una mejor resonancia. Me gusta el fútbol sin fanatismos, ni colores, saber que el que juega bien es el que debe ganar, que haya justicia y no equivocaciones arbitrales. —¿Me va a decir cuáles son esos colores que le suenan mejor? —Los madrileños. El Real Madrid y el Atlético de Madrid. Pero cuando el Madrid juega mal, no sufro de más. —Usted impulsó su negocio como Flick, tira la línea del fuero de juego sin miedo al riesgo. —Je, je… es un riesgo controlado. Tienes que tener la suerte de vivir en una tierra privilegiada como la mía y con un conocimiento de lo que quieres y dónde quieres llegar y fraguarlo sabiendo escuchar lo que quiere el público para hacer un producto que guste. Y, a partir de ahí, trabajo, constancia y pasión. Y que cada vez que descorchas una botella de vino para explicar lo que estás haciendo, tener esa fuerza que te da el saber que inundas de felicidad esa mesa. —Es lo mismo que me diría un entrenador que acaba de ganar la Liga, José. —Es una profesión muy interesante y versátil. Tienes el objetivo de sacar cada año la mejor cosecha y la satisfacción de ir por el mundo abriendo tus botellas y que la gente te admire por lo que haces. —Casillas, Ronaldo Nazario, Beckham, Iniesta o Messi. El vino forma parte de sus vidas, de una forma u otra ¿Por qué gusta tanto esa cultura? —Bebido con moderación es muy saludable, es un gran catalizador de relaciones humanas. Por eso, en el deporte, hay muchísima gente que adora el vino y a mí me ha facilitado el poder conocer a muchos de ellos, con los que he compartido ratos maravillosos en reuniones y en la bodega. —Cuénteme algo confesable sobre alguno de esos compañeros de copa y caldo. —Lo hay que tienen más conocimiento que yo. Un ejemplo: Iván Helguera. Recuerdo cuando Ronaldo Nazario visitó mi bodega . Acabábamos de vendimiar y aún quedaba algún colgajo en las cepas. Se acercó a coger el racimo. Se lo comió y le pareció riquísimo. Y yo le dije: 'ese racimo que te acabas de comer se ha transformado en esto', que era el vino hecho ya, en la barrica. Lo probamos y le encantó. Se quedó maravillado al ver cómo un racimo se había podido convertir en aquello. Fue un punto de inflexión magnífico para que viera el vino de otra manera. —¿Entiende usted que se pueda criticar a un deportista por gastarse 22.000 euros en una botella de vino? —Los actores, los futbolistas o los profesionales que proceden de cualquier ámbito cultural, siempre están expuestos a la crítica. Nos gusta mucho juzgar a los demás y deberíamos hacerlo antes con nosotros mismos. Cada uno es libre de hacer con su dinero lo que quiera. Hay vinos buenísimos de 50 euros y los hay, también, buenísimos de 20.000. El que haya vinos de ese precio implica que hay una demanda y una trayectoria muy grande. Tienen un número reducido de botellas. Y puede que haya vinos que cuesten 20 veces menos y sean mejores. Seguro. Pero, a veces, bebemos por la etiqueta. —Ahora va y se lo dice a Marcos Llorente a la carita. —Seguramente haga una cata con él porque tiene una visita a la bodega, pendiente . —¿Cómo piensa gestionar esa cata? —A ciegas, meterle cinco vinos: uno de 10.000 euros, otro de 50 y otro de 120 y veremos los otros dos y a ver qué pasa. —«Si lo sabes escuchar, el vino te habla». Esa frase es de su padre ¿también le habla de fútbol? —Para mí, la vida es un aprendizaje y tienes que sacar lo mejor de cada etapa. Hay que conquistar la vida desde la conciencia y no desde el ego. Relativizas todo más y cumples con tus objetivos y vas con la cabeza alta. En el fútbol, también. —Seguro que le dice que lo del VAR habría que reconducirlo, después de la temporada que llevamos ¿no? —El fútbol evoluciona como todo en la vida. A veces surgen cosas que no benefician en nada y el arbitraje lo veo muy complejo. Me indigna que, por mucho VAR que haya, la subjetividad siempre va a tener un papel importante en las decisiones. Y unos días se interpreta de una manera y otras, de otra. El criterio dispar hace que hayan ocurrido cosas increíbles y muchas injusticias. Pero como todo está sometido a una interpretación, tampoco se puede decir mucho más. Hay demasiado alboroto con eso, lo que significa que no anda bien. —Mire que es difícil poner a la mayoría de acuerdo. Pues, en eso, hay consenso universal. —El fútbol es muy pasional y a menudo esa pasión nos desborda, pero cuantos más medios se han puesto para mejorarlo menos se ha visto la mejora. —No me resisto a acabar esta charla sin preguntarle con qué tipo de vino hay que saborear un título deportivo. —Hay que abrirse un buen vino que te transmita esa felicidad que te transfiere un evento grande. No tiene que tener astringencia, tiene que estar redondito. Debe ser meloso, fresco, con su acidez, para que te acompañe y que te de ese punto de felicidad, que es lo más grande del mundo. Como un título

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