ABC
Nápoles es caos: calles estrechas que parecen laberintos, balcones abarrotados de ropa tendida, motos que zigzaguean entre peatones y el tiempo, que parece fluir a su manera. De ese caos nace una belleza que desafía cualquier regla, incluso la imperfección. Dicen que el caos es en realidad un orden tan perfecto que el hombre, limitado, no es capaz de comprenderlo. Y luego está Manuel de Falla : un compositor inclasificable, cuya obra provoca admiración y perplejidad a partes iguales. Algunos lo juzgan, otros lo idealizan, pero quien se adentra en su música encuentra una luz inconfundible. Y el caos es orden cuando juntas a los dos: a la ciudad del Vesubio y al compositor. «Es uno de los grandes de todos los tiempos. Unamuno decía que 'la identidad de un pueblo es su cultura', y creo que Falla muestra eso con orgullo, no solo en cuanto a la composición, sino también en su estilo. Mucha gente dice que es el Ravel español, pero es que Falla es único en su discurso, en su esencia, en la cultura que muestra sin miedo a transgredir a través de lo suyo. Es de una dimensión infinita». Quien habla es Gustavo Dudamel , sentado en la cafetería del Teatro San Carlo de Nápoles. A su lado está Pasión Vega , y en ese mismo templo del arte está, unos pisos más arriba, Marina Abramović. Tres rostros que no dejan indiferente a quienes se pasean por allí. El motivo es uno, bueno, dos: 'El amor brujo' y Manuel de Falla. El maestro venezolano está a punto de publicar 'Alma y fuego', un disco que recorre las grandes obras del compositor gaditano en su 150º aniversario junto a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar: 'El amor brujo' con Pasión Vega, 'Noches en los jardines de España' con el pianista Javier Perianes y 'El sombrero de tres picos' para orquesta. «Su música la tenemos en alta estima, y creo que al mismo tiempo no terminamos de entender o de reconocer realmente el poder de esa música, y la originalidad, y el camino que abrió tan importante hacia lo contemporáneo, hacia una música más moderna, bebiendo de la tradición y de los fondos, de cómo incorporó el cante jondo a su música, y lo que significó», confiesa Pasión Vega. Una hora antes, ambos estaban en el escenario del San Carlo. Están a punto de estrenar esta versión de 'El amor brujo' bajo la batuta de Dudamel, con Vega y el diseño de Abramović . A los napolitanos parece que no les gusta el silencio; el bullicio constante entre algunos sentados entre el público trabajando impide a veces continuar con el ensayo. En el escenario hay una gran pantalla detrás de la orquesta, en la que aparece un hombre que corre casi sin aliento. Parece que huye. Frente a él hay una mujer de carne y hueso con un vestido vaporoso que parece ir hacia él lentamente. Para Pasión Vega hay una gran tarima que los técnicos tienen que finalmente retirar porque está demasiado alta y corre peligro. Para hacerse con un 'El amor brujo' de Abramović hay que vivir desprendido. Y si alguien no conoce de límites es Gustavo Dudamel, que lo mismo dirige el concierto de Año Nuevo que dirige en la Super Bowl, asume la dirección de la Filarmónica de Nueva York o lleva a su orquesta a Coachella. Ahora mismo acaba de reunir a la NYPhil y a la Orquesta de Spanish Harlem en el Lincoln Center para tocar salsa. Sin duda, es libre. «En realidad, no hemos inventado el agua tibia. Siempre ha existido esto, simplemente son nuevos tiempos y otras puertas que abrir, pero el arte siempre ha sido eso: abrir puertas. Leonard Bernstein escribía musicales, tocaba jazz y estamos hablando de 60 años atrás. Es bonito contar con una persona como Marina Abramović, que abraza todo esto, es una mujer que siempre está rompiendo… Eso es bello. Es arte», reconoce el venezolano. El maestro alza la batuta y automáticamente se hace uno con Falla. La obra atraviesa su cuerpo y alcanza hasta el último rizo de su cabeza. Pero, tras los tres primeros compases, baja los brazos. Vuelven a sonar esos tres compases y los vuelve a bajar. «No… Está muy bien, no suena mal, pero no es perfecto. Me refiero…». Y cierra los ojos, pone sus manos en el pecho y se encoge. Vuelve a repetirlo un par de veces y grita: «Sí, eso es, sí. Eso, sí. Justo eso. ¡Wow!», expresa sin miedo al ridículo. Los músicos sonríen y al mismo tiempo lo miran admirados. La orquesta tocó una 'Consagración del fuego' y, tras las indicaciones de Dudamel, sonó otra distinta. Es la magia de la música. «A la gente le encanta definir, etiquetar para poner las cosas en orden, en su idea, en su mundo… Pero en realidad las posibilidades siempre son infinitas. Lo único que nosotros sabemos es que somos humanos y tenemos límite, pero la amplitud de poder abarcar, conquistar y experimentar es infinita», confiesa el maestro. Entra en el escenario Pasión Vega, intenta hacerlo de un modo discreto, pero su sola presencia abarca el San Carlo en su totalidad. En cuanto abre la boca para pronunciar la primera frase de la 'Canción de amor dolido', tres violinistas alzan la mirada hacia ella, asombradas. Sus brazos se alzan sobre el escenario como quien abraza el mundo entero. Su entrega es la misma en un ensayo que en un espectáculo en directo. El maestro se queda en ocasiones embelesado por su voz. Vega es la voz de un pueblo y Dudamel es la batuta de otro distinto, pero cuando se miran es como si hablaran el mismo lenguaje. Ella se queda sostenida cuatro compases más de la cuenta y él aguanta a la orquesta hasta que Vega continúa y él la sigue. «Yo crecí en mi casa escuchando música latina, salsa, bolero, se escuchaba a Camilo Sexto… Crecí así y así yo vivo. Vivo admirando y disfrutando de todas las expresiones y estilos de la música. En la música académica siempre hay un estudio y una complejidad intelectual de lo que significa lo matemático, pero al final tú ves un artista y en realidad todos trabajamos igual porque tenemos una pasión hacia lo que hacemos. Y eso es lo que verdaderamente nos enseña y donde se da un intercambio », reconoce el maestro. El maestro habla de Falla y los músicos a veces se miran entre ellos. Es como si no hubieran oído hablar de ese compositor, al menos de esa manera. Antes, Dudamel ponía una mano en el pecho para encogerse; ahora se golpea con ella para pedirles eso, golpes que sacudan el pecho y el alma. Conoce la música porque él es música, por eso no tiene miedo ni a Falla ni a lo que piensen: «A veces se mira la música clásica con distancia, pero es un error. Tenemos nuestras propias formas de poder desarrollar el talento y el don que Dios nos dio. Y eso es lo que hay que apreciar. Mi 'soundtrack' de vida es la música entera. No siento ningún límite. Aprecio dirigir a Beethoven como a Falla o Strauss o hacer un ciclo de conciertos con Pasión Vega. Y nos vamos a inventar otras cosas loquísimas (risas). Esto no nos abre las puertas a nosotros, sino a una nueva generación a conocer el arte». 'El amor brujo' es la herida de un amor que no desaparece ni con la muerte. Es la herida de Candela, una joven gitana que vive atormentada por el fantasma de un antiguo amante que le impide entregarse a Carmelo y escapar de su pasado. Y la música también es una herida. Es una lanza que hiere, quema y atraviesa, pero al mismo tiempo trae una luz que tantas veces consuela. A veces nace del dolor, pero lo transforma en belleza. « La música es una herida hecha luz, es la demostración de que la vida no basta. Y todo eso que recogemos del mundo negativo, de la violencia, de la falta de amor, de la empatía, de la duda, tenemos que sacar la luz», reconoce Pasión. A Dudamel, la música le rescata cada día. «La música no es una forma de entretenimiento, es una herramienta verdaderamente poderosa de transformación social. En un concierto estás sentado delante de miles de personas de diferentes clases sociales, que piensan distinto políticamente, en un momento tan difícil como el que estamos viviendo en el mundo. Es un momento de contemplación, de reflexión, de verdadera humanidad, de conexión a través de lo bello. Es un momento que transforma, que salva el mundo . El mundo se transforma y se salva permanentemente. En un momento de conflicto, de discrepancia, de polarización, donde todo es una realidad y es terrible, al mismo tiempo están sucediendo cosas bellas. Está sucediendo esto aquí. Hay gente haciendo música aquí. Hay gente creando belleza aquí. Estamos en permanente salvación. Eso es la eternidad».
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