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Estadio Independence Park, en Kingston (Jamaica). En las gradas, 200 curazoleños frente a 35.000 jamaicanos. Jamaica necesita la victoria para jugar su segundo Mundial. A Curazao le basta con empatar para disputar el primero. Para los miembros de la llamada 'Familia Azul' la consigna está clara: «resistir», como si los futbolistas del diminuto país, colonia neerlandesa durante casi 400 años, fueran guerrilleros de una revolución caribeña de otros tiempos. Los jugadores aguantan replegados el asedio jamaicano, agónico hasta el último de los diez minutos de descuento concedidos por el árbitro. Agotados por la humedad y los 25 grados de la noche jamaicana, el pitido final suena a gloria; justo lo que acaban de alcanzar. Abrazos, llanto, gritos de alegría, futbolistas... Ver Más
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