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El hantavirus ha generado numerosas preguntas en los últimos días, especialmente sobre su relación con el agua. Para aclarar las dudas y separar la evidencia de las alarmas, el ingeniero y químico Daniel Herrero, creador del 'Podcast del agua', explica que este virus no es nuevo. Su historia moderna se remonta a la Guerra de Corea en los años 50, cuando se identificó en roedores de campo cerca del río Han Tan, de donde toma su nombre. Desde entonces, se ha consolidado como un grupo de virus asociado principalmente a roedores silvestres. La forma más habitual de infección en humanos es a través de la vía respiratoria, al inhalar polvo contaminado por orina, heces o saliva de roedores. El contagio entre personas es extremadamente infrecuente, aunque se han documentado casos limitados del virus Andes, una variante presente en Sudamérica, en situaciones de contacto estrecho y prolongado. En España, se ha detectado la presencia de hantavirus en mamíferos silvestres como los topillos comunes en Castilla y León, pero con prevalencias bajas que no representan una amenaza cotidiana. El riesgo asociado a mascotas como hámsteres o cobayas es bajo si proceden de un entorno controlado y se mantienen con una higiene adecuada. El experto subraya que "la idea clave para nuestro tema es esta, el hantavirus es un asunto de roedores y exposición a sus restos". Daniel Herrero es contundente al afirmar que, "con la evidencia disponible, el hantavirus no se considera una enfermedad típica de transmisión por agua". Las redes de agua potable bien gestionadas cuentan con barreras de seguridad como la protección de la captación, la filtración, la desinfección con tecnologías como el cloro o la radiación ultravioleta, y un estricto control sanitario. Estos procesos están diseñados para inactivar una amplia gama de microorganismos, incluidos los virus. El riesgo real, insiste el experto, se asocia a la presencia de roedores infectados y a la exposición a sus excrementos, sobre todo en espacios cerrados o poco ventilados. Aunque las aguas residuales se utilizan para la vigilancia ambiental de patógenos, detectar señales de un virus en ellas "no significa automáticamente que ese agua sea una vía demostrada de contagio". Por tanto, el mensaje sobre el agua es de total tranquilidad. La prevención del hantavirus no pasa por desconfiar del agua de la red, sino por el control de roedores. Se recomienda ventilar durante al menos 30 minutos los espacios que han estado cerrados mucho tiempo, como trasteros, garajes o cabañas, antes de proceder a su limpieza, que debe realizarse con cuidado para no levantar polvo. Otras medidas clave incluyen no dejar comida accesible, cerrar bien las bolsas de basura, tapar huecos por donde puedan entrar animales y proteger los depósitos de agua particulares. Estas precauciones son especialmente importantes en entornos rurales, agrícolas y forestales. Si tras una exposición clara a roedores aparecen síntomas como fiebre alta, dolores fuertes, malestar general o dificultad para respirar, es fundamental consultar con un médico e informar sobre dicha exposición. Herrero concluye que, aunque el hantavirus "puede ser serio, pero desde luego no es un motivo para desconfiar del agua potable de red".
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