ABC
La princesa Mette-Marit y su esposo, Haakon de Noruega, han elegido su residencia privada de Skaugum, en Asker, para pasar estos días tan complicados. Su hijo Marius Norg permanece encarcelado a la espera de veredicto mientras la heredera combate con los efectos devastadores de su fibrosis pulmonar crónica, necesitada de oxígeno para ayudarla a respirar. Es un entorno ideal, lleno de bosques, naturaleza y privacidad, dentro de una propiedad con una gran historia y que sobrevivió a un devastador incendio y la ocupación nazi antes de ser rehabilitada con sus 140 estancias. La Familia Real noruega posee varias residencias en todo el país, pero la elección de los herederos a la Corona para vivir lo bueno y lo menos bueno ha sido su residencia privada en Asker, a menos de 20 kilómetros al suroeste de Oslo. Vestidos con bunad, el traje tradicional noruego, el príncipe Haakon y Mette-Marit participaron desde las puertas de la mansión de Skaugum en la celebración de la Fiesta Nacional noruega. Fue complicado para la princesa, que apareció con oxígeno asistido, aguantó poco en pie y después se tuvo que retirar para descansar por el esfuerzo. Los príncipes acapararon todas las miradas desde las escaleras de su impresionante mansión de fachada blanca. Precisamente frente a su residencia de Asker, la pareja real dio inicio a las festividades. Haakon y Mette-Marit se mudaron a la finca real de Skaugum en 2003, dos años después de su boda, y es una propiedad que pertenece a la familia real desde hace casi un siglo. En total, alberga 140 estancias entre habitaciones, salones, despachos, varias bibliotecas, salas de juegos, un gigantesco comedor de 5 metros de altura y 8 de ancho. Ahora, según dicen, se ha habilitado un área especial destinado únicamente a cuidar a la princesa en su enfermedad. Pero la historia de Skaugum se remonta a la Edad Media. Perteneció anteriormente a la iglesia de Santa María de Oslo y al monasterio de Nonneseter, antes de cambiar de manos varias veces. En 1929, Haakon VII compró la residencia al ministro noruego Fritz Wedel-Jarlsberg. El rey deseaba regalársela a su hijo, el príncipe heredero Olav, y a su esposa, la princesa heredera Märtha. Fue un generoso regalo de bodas que incluía 48 hectáreas de tierra cultivable y 50 hectáreas de bosque. Los recién casados se mudaron a la casa, construida en 1891 por el arquitecto Herman Backer, tras su boda. Sin embargo, su felicidad duró poco, ya que un incendio arrasó el hogar un año después, el 20 de mayo de 1930, cuando Märtha estaba embarazada de su primer hijo. Dos años después, Skaugum resurgió de las cenizas -nunca mejor dicho- con una profunda obra de regeneración y remodelación diseñada por el arquitecto Arnstein Arneberg. La propiedad, con una curiosa forma de L, se construyó en el mismo terreno, respetando al máximo los planos originales... aunque esta vez con ladrillos resistentes al fuego. Los príncipes criaron allí a sus tres hijos hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando la finca fue ocupada por los nazis. Durante los cinco años de dicha ocupación, el Reichskommissar alemán Terboven vivió en Skaugum hasta que se suicidó inmolándose en un búnker de la finca durante la liberación, el 8 de mayo de 1945. La casa había sufrido graves actos de vandalismo durante esos años. El exterior fue pintado con pintura de camuflaje gris y, en el interior, gran parte del mobiliario y pertenencias había desaparecido. Olav V regresó a su hogar tras su vuelta a Noruega antes de regalárselo a su hijo, el príncipe heredero Harald, y a su esposa Sonia. «Aquí vivimos. Es curioso lo que uno crea en su juventud y con lo que se siente feliz. Se va arraigando cada vez más en uno con el paso de los años», diría Olav en una entrevista con motivo de su 60º cumpleaños. Y así hasta llegar a Haakon y Mette-Marit, quienes decidieron criar en Skaugum a sus hijos, la princesa Ingrid Alexandra y el príncipe Sverre Magnus. Una propiedad que se mantiene gracias a una subvención estatal del Gobierno y que ha sido testigo tanto de alegrías como tragedias. Este hogar se mencionó durante el juicio por violación de Marius Borg y también fue el escenario desde el que Mette-Marit habló sobre sus vínculos con Jeffrey Epstein en televisión el pasado mes de marzo. Es un privado remanso de paz que ahora permanece sumido en la incertidumbre de una dura enfermedad.
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