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Investigadores de Dinamarca analizaron con escaneos 3D las marcas presentes en el hueso del pie de un enorme tiranosaurio y descubrieron algo inesperado. Las mordeduras pertenecían a otro tiranosaurio más pequeño que había estado arrancando los últimos restos de carne del cadáver, una evidencia directa de comportamiento caníbal entre estos gigantes prehistóricos.
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