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Xi Jinping recibe a Putin días más tarde que a Trump en otra gran cumbre en China
El Plural

Xi Jinping recibe a Putin días más tarde que a Trump en otra gran cumbre en China

Pekín vuelve a convertirse esta semana en el epicentro de la diplomacia global. Apenas cuatro días después de recibir al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el líder chino, Xi Jinping, abre ahora las puertas de China a Vladímir Putin en una visita de Estado con una carga simbólica difícil de ignorar: el dirigente chino se sienta, casi sin pausa, con los dos grandes rivales estratégicos de Washington y Moscú en un momento de máxima tensión internacional. MÁS INFORMACIÓN Trump asegura que Xi Jinping le ha ofrecido su ayuda para poner fin a la guerra en Irán La visita del presidente ruso, prevista para los días 19 y 20 de mayo, llega por invitación de Xi y con la voluntad declarada de reforzar una relación bilateral que Pekín y Moscú presentan como una asociación estratégica de largo alcance. El viaje se produce, además, en una fecha de alto contenido político: ambos países conmemoran el aniversario del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa firmado en 2001, uno de los pilares formales de la aproximación entre las dos potencias. La imagen que busca proyectar China es nítida: Xi aparece como anfitrión inevitable de los grandes actores globales. Primero Trump, con una agenda marcada por el comercio, Taiwán y la competición tecnológica; después Putin, con Ucrania, la energía y el nuevo equilibrio internacional como telón de fondo. En cuestión de días, Pekín ha convertido su agenda bilateral en un escaparate de poder diplomático y en una demostración de que ninguna gran negociación geopolítica parece completa sin pasar por China. Pekín, escenario de una diplomacia a dos bandas El contraste entre ambas visitas es parte del mensaje. Trump representa la relación más decisiva y conflictiva para la economía china: Estados Unidos sigue siendo un rival sistémico, pero también un interlocutor imprescindible para evitar una escalada comercial o militar. Putin, en cambio, llega como "viejo amigo" de Xi y como socio estratégico de una alianza que se ha estrechado desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, pese a la presión occidental sobre Moscú. Para Xi, recibir a ambos líderes en tan poco tiempo permite vender una idea central: China puede hablar con todos, incluso cuando esos interlocutores se encuentran enfrentados entre sí. Esa doble vía encaja con la narrativa de Pekín, que insiste en presentarse como factor de estabilidad frente a un orden internacional dominado por bloques, sanciones y guerras. No es casual que los medios oficiales chinos hayan subrayado estos días el papel del país como punto de encuentro de la diplomacia mundial. Para Putin, el viaje tiene otro valor añadido. El presidente ruso llega a China en plena dependencia creciente de su socio asiático, tanto en términos comerciales como energéticos. Desde el inicio de la guerra de Ucrania, China se ha convertido en uno de los principales compradores de petróleo y gas rusos, una vía esencial para sostener los ingresos de Moscú frente a las sanciones occidentales. La relación, por tanto, combina afinidad política, necesidad económica y cálculo estratégico. Energía, Ucrania...

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