La Opinión de Murcia
El calzado barefoot, ese que imita la sensación de andar descalzo y respeta al máximo la anatomía del pie, ha dejado de ser una rareza de corredores minimalistas para convertirse en una de las conversaciones más curiosas de la moda. Lo que empezó asociado a la biomecánica, al gimnasio o a las zapatillas de dedos ha encontrado ahora su lugar en el armario urbano. Y su última conquista tiene sabor mediterráneo: la alpargata.
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