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Con la llegada de las vacaciones escolares, muchas familias vuelven a hacerse la misma pregunta: ¿deben los niños seguir haciendo deberes en verano o necesitan desconectar por completo? El debate reaparece cada año entre cuadernillos de repaso, recomendaciones de lectura y padres preocupados por que sus hijos «pierdan el ritmo». Los expertos coinciden en que el verano no debería convertirse en una prolongación del curso escolar. Sin embargo, tampoco aconsejan una desconexión total de las rutinas y de ciertos hábitos de aprendizaje . La clave, aseguran, está en encontrar el equilibrio. Desde el centro Avanzare defiende precisamente ese enfoque intermedio. Guadalupe Majúa, pedagoga y profesora del centro, considera que las vacaciones deben alejarse de la presión académica tradicional . «Como pedagoga y profesora, considero que durante el periodo estival no debe priorizarse una acumulación de tareas académicas tradicionales, sino la consolidación de los aprendizajes adquiridos durante el curso a través de experiencias cotidianas y funcionales», explica. Lejos de las fichas interminables y de las horas sentados frente a los libros, los especialistas apuestan por actividades que permitan aprender de forma natural y vinculada a la vida diaria. Según Majúa, el objetivo principal del verano debe ser «», evitando así una desconexión excesiva de los procesos de aprendizaje. La pedagoga advierte además de que la ausencia total de estructura puede afectar especialmente a algunos niños . «La falta de estructura y de referencias temporales claras durante el verano puede generar cierta desregulación en algunos niños, especialmente en aquellos que necesitan mayor acompañamiento en la organización de su día a día», señala. La propuesta de los pedagogos pasa por transformar situaciones cotidianas en oportunidades educativas. Ir al supermercado, cocinar o escribir mensajes a amigos pueden convertirse en ejercicios prácticos para reforzar conocimientos sin que el niño sienta que sigue en clase. « que favorezcan el desarrollo de competencias de manera natural y significativa», apunta Majúa. Entre las actividades recomendadas, la experta menciona la elaboración de listas de la compra y el cálculo aproximado del gasto antes de acudir al supermercado, la escritura de cartas o mensajes a compañeros durante las vacaciones o la participación en tareas domésticas como cocinar, trabajando medidas, cantidades y pesos. Este tipo de experiencias, añade, ayudan a reforzar habilidades relacionadas con la lectoescritura, el razonamiento lógico-matemático, la autonomía y la planificación «desde un enfoque práctico, flexible y adaptado al ritmo de cada niño». Los especialistas alertan de que convertir el verano en una extensión estricta del calendario escolar puede generar cansancio, rechazo hacia el aprendizaje e incluso frustración. El descanso también forma parte del desarrollo infantil. Por eso, los expertos recomiendan reducir la presión y evitar imponer largas jornadas de estudio. El verano debe servir para recuperar tiempo en familia , fomentar el juego libre y favorecer experiencias sociales y emocionales que durante el curso quedan relegadas por la rutina académica. «Todo ello debe realizarse desde la paciencia, el acompañamiento positivo y el vínculo afectivo, entendiendo el verano también como un espacio necesario de descanso, convivencia y desarrollo personal», concluye Majúa.
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