Vanguardia
Nadie tenía duda en Sinaloa: el que movía el pandero no era el gobernador Rocha Moya . Era su secretario de Gobierno. Y Enrique Inzunza alimentaba en las formas esa percepción: en las reuniones él se sentaba en la cabecera, cuando hablaba nadie lo interrumpía y muchos de sus interlocutores no terminaban de entender si estaban frente al líder del gobierno o frente al jefe del cártel... o ambos. Así me lo han relatado en estos días muchos de quienes estuvieron en la misma sala.
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