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Teo, un relojero de 86 años que se despide de su taller, que se convertirá en un bajo turístico: "Con la edad que tengo, es mejor que me jubile" | Collector
Teo, un relojero de 86 años que se despide de su taller, que se convertirá en un bajo turístico:
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Teo, un relojero de 86 años que se despide de su taller, que se convertirá en un bajo turístico: "Con la edad que tengo, es mejor que me jubile"

Teo, un maestro relojero de 86 años, se enfrenta al cierre de su tienda en el barrio de Ayora, en Valencia. Después de 30 años en el mismo local, el próximo mes de noviembre tendrá que bajar la persiana definitivamente porque el bajo comercial se convertirá en un alojamiento turístico. Este artesano, que llegó de Cuba siendo un niño, pone fin a 70 años de oficio. Con solo 9 años empezó a aprender el oficio de joyero, aunque su verdadera pasión siempre fueron los relojes. "Llevo 70 años como maestro, ya soy un viejo relojero", explica Teo. Su destreza le valió el reconocimiento internacional cuando una empresa suiza abrió un taller en Cuba en la década de los 60 y le eligió como maestro principal. "Dijeron, escoge un maestro, y me cogieron a mí, porque dice que tenía las manos muy sueltas", recuerda. Gracias a su larga trayectoria, ha formado a muchos alumnos en el mundo y atesora clientes de países como Francia, Italia y Suiza. Sin embargo, el cierre inminente le obliga a deshacerse de un valioso inventario. "Tengo muchas piezas suizas, que aquí ya no hay relojeros, y las voy a perder", lamenta. La noticia de la venta del local para uso turístico le obliga a jubilarse. Aunque su contrato le permitía quedarse un año más, el plazo expira en noviembre. "Ya tengo 86 años, no puedo irme a otro lugar", afirma. Explica que el alquiler de un nuevo local es inasumible, pasando de los 400 euros que paga actualmente a "900 o 1.000 euros". Por ello, concluye: "con la edad que tengo es mejor que me jubile". Durante los próximos meses, Teo liquidará toda la mercancía de su tienda gracias a los vecinos del barrio, quienes le han creado una cuenta en redes. Vende artículos de plata a precios antiguos, más económicos que los actuales, y tiene una colección de unos 30 relojes de pared que espera vender a un solo comprador. El relojero es consciente de las pérdidas económicas que sufrirá, ya que el mobiliario y los expositores no tienen salida. "Ese escaparate grande me costó a mí 3000 euros, lo pierdo", detalla. Para acelerar la venta, ha rebajado drásticamente los precios de todos sus productos. "Lo que vale 100, yo lo estoy dando en 25 o 30, todo barato", asegura. Es la última oportunidad para que los vecinos y clientes se lleven un recuerdo de una relojería que forma parte de la historia del barrio de Ayora.

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