COPE
A las puertas del Mundial de 2026 en Estados Unidos, México y Canadá, el periodista deportivo Miguel Gutiérrez y el creativo publicitario Antonio Pacheco, 'Patch', han visitado 'La Tarde' de COPE para presentar su libro 'El mundial es para listos'. Durante la entrevista con Pilar García Muñiz, Gutiérrez ha mostrado su descontento con el nuevo formato del torneo. "Un mundial con 48 selecciones y un 40% más de partidos me da una pereza terrible", "hasta que no tengamos cruces directos no me interesa", ha confesado el periodista, recordando con nostalgia cuando podía ver todos los encuentros. Sobre las posibilidades de la selección española, Pacheco ha advertido sobre el exceso de confianza. "Creo que hay una euforia un poquito desmedida con respecto a las posibilidades reales que tiene España", ha señalado, apuntando que selecciones como Francia e Inglaterra podrían dar la sorpresa. La conversación ha traído a la memoria el Mundial de España 82, un torneo de arduo recuerdo para la selección. Se ha recuperado una anécdota contada por el mítico periodista Jesús Álvarez sobre cómo él y otros compañeros espiaban con prismáticos los entrenamientos a puerta cerrada de José Emilio Santamaría. Al preguntar en rueda de prensa por los detalles que veían, el seleccionador "llegó a sospechar que algún jugador de la selección era un traidor". Según Pacheco, Santamaría "no tenía un carácter así como muy agradable" y la presión de jugar en casa le llevó a "poner barreras para que nadie se acerque". El fracaso de España, sin embargo, tuvo una razón más simple para Gutiérrez: "Tenía un equipo bastante regulero" y "la selección no tenía la suficiente calidad". El Mundial del 82 dejó momentos surrealistas, como el ocurrido en el estadio José Zorrilla de Valladolid, donde un jeque kuwaití "saltó al campo y consiguió que anularan un gol", como ha recordado Gutiérrez. En la final, que Italia ganó a Alemania en el Santiago Bernabéu, destacaron dos imágenes: la celebración del presidente italiano Sandro Pertini y, sobre todo, la de Marco Tardelli, que para Pacheco es "icónica, la viva imagen de la euforia". Cuatro años más tarde, en México 86, Diego Armando Maradona se convirtió en leyenda en el partido de cuartos de final entre Argentina e Inglaterra. En ese encuentro anotó dos de los goles más famosos de la historia: la "mano de Dios" y el "gol del siglo", una jugada maradoniana acompañada por la mítica narración de Víctor Hugo Morales y su "barrilete cósmico". Gutiérrez ha compartido una anécdota personal: "Tenía 8 años, oigo a mi padre gritar: "Lo ha metido con la mano" y yo, por más que veía las repeticiones, no veía la mano por ningún lado". En ese mismo mundial, el conjunto español dejó una gran actuación, con Emilio Butragueño como estrella. Pacheco, fan declarado, ha recordado el grito popular de la época: "Butragueño a la Moncloa, me ha parecido el mejor grito de una manifestación popular en la historia de España seguramente". A pesar de los cuatro goles del 'Buitre' en Querétaro, la selección cayó en cuartos, dejando la sensación de que "la selección estaba para más". No todos los grandes han ganado un mundial. Los autores han recordado a Pelé, único jugador con tres títulos, y a leyendas como Johan Cruyff o Alfredo Di Stéfano, que nunca lo lograron. Ganar es muy difícil, ya que es "un campeonato cada 4 años" y un jugador apenas tiene "tres oportunidades a lo largo de su carrera deportiva". Incluso la suerte influye, como le ocurrió a España en la clasificación para el Mundial de 1954, cuando fue eliminada por Turquía por el lanzamiento de una moneda por parte de un niño italiano, Franco Gemma. La historia cambió para España en el Mundial de Sudáfrica 2010. Gutiérrez ha rememorado la víspera de la final y el fenómeno del "Pulpo Paul", pero sobre todo la emoción de ver a los jugadores junto a la Copa del Mundo: "Nunca había asociado eso a la selección española. Dije: "Madre mía, la que hemos liado". Pacheco ha recordado los nervios de la final contra Holanda y la sensación de que "el fútbol le debe una copa del mundo a Holanda y la vamos a pagar nosotros", hasta que llegó el gol de Andrés Iniesta y la icónica narración de José Antonio Camacho.
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