La Opinión de Murcia
El aterrizaje de Vladímir Putin cuatro días después de que despegara Donald Trump y la reciente romería de líderes europeos confirma a Pekín como la capital de la geopolítica. Viene el mandatario ruso en visita de Estado, con parecida pompa y circunstancia que la que disfrutó el estadounidense, para certificar que la salud del eje Pekín-Moscú no sufre cíclicamente por guerras comerciales, restricciones exportadoras ni desavenencias por Taiwán. "Nuestras relaciones", sentó Putin en la víspera, "han alcanzado unos niveles verdaderamente sin precedentes".
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