ABC
Las dos últimas películas en la competición del festival, la francobelga ' Notre Salut ', de Emmanuel Marre, y la estadounidense ' The Man I Love ', de Ira Sachs, no tienen ese empaque cinematográfico que se precisa (o se supone que se precisa) para llegar vivas al palmarés, aunque el lugar y la época en que están instaladas sus historias son interesantes, la Francia de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial y el Nueva York gay de los ochenta en los tiempos del sida. Y el porqué no funcionan tiene una respuesta mucho más fácil que cuando hacemos esa misma pregunta sobre la aspiradora de casa. Los personajes principales de ambas, un arribista que ve en el régimen de Pétain el lugar apropiado para desarrollar sus ideas y un artista del espectáculo marginal con alma de mártir, tienen escaso interés, o al menos sus películas no consiguen que produzcan ningún tipo de arrebato, ni político, ni personal, ni sentimental. Para ser justos con ellas, la de Ira Sachs es mucho más llevadera, menos plomiza, además de no durar dos horas y media como la francesa. '' The Man I Love ' habla del amor desbocado y del amor tranquilo que sienten sus personajes y se centra en el que interpreta Rami Malek, un actor que siempre parece a punto de cantar el 'Viva Barcelona' junto a Montserrat Caballé , que le cuesta separarse de la figura de Freddie Mercury, y que aquí, un ser doliente y al que todo el mundo de su alrededor considera un genio (¿?) está atacado por ese mal contagioso que su interpretación traduce en una especie de galvana porrera y un catálogo de tics como de película de zombis. La historia de este hombre, su 'arte', sus amantes y su familia debería ser conmovedora, pero no lo es. A su lado están Tom Sturridge, un actor serio, y Rebecca Hall, una actriz sosa, pero pasan como de puntillas por la trama. Hay algunas canciones y algún momento hogareño y musical que no están mal, pero ¿y qué hacemos con eso? En su favor, hay que decir que se llega a ella después de la turra de 'Notre Salut', que lo deja a uno ya para los corrales con sus dos horas y media de palique y narración saltimbanqui de los aires de Vichy sin la menor presencia de guerra, de alemanes, de la célebre 'resistencia', de intriga y de nada que no sea esa supuesta 'grandeur' francesa, que despierta ya casi al final con la noticia del desembarco en Normandía y a taparse cada uno como pueda. El protagonista es Swann Arlaud, muy sereno con el ladrillo encima que le toca interpretar, y tiene cierta gracia Sandrine Blancke, su esposa en esta película que transcurre entre operativos, consideraciones, proyectos, convicciones patrióticas, algunos despropósitos musicales y algún baile tontorrón y que viene a probar una vez más la Resistencia, no la francesa a la ocupación nazi, sino la del espectador , así, en general. Los próximos en salir a competir son los llamados Los Javis, con 'La bola negra', y el esperado Lukas Dhont con 'Coward', y ocurra lo que ocurra no podemos sino mejorar esta última sesión de cine oficial. Y ya prácticamente (a falta de Valeska Grisebach y Lés Mysius, las últimas en salir) quedará la competición vista para sentencia. Mientras tanto, en las entrelíneas del Festival se han proyectado algunos cortometrajes españoles y el más esperado de ellos era el de Carla Simón, la directora de 'Alcarrás' y 'Romería', que se titula Flamenco y es un documental que participa de una campaña internacional de promoción del sector audiovisual español. Y en otra esquina, y dentro del programa SFC Market Collections, Diego Collado Castells ha presentado 'A Flight of Fancy', una historia romántica y con misterio musical entre un piloto de la RAF al final de la Segunda Guerra Mundial atrapado en las islas Shetland y su relación con su esposa, en Londres, mediante las transmisiones clandestinas de radio en las que ella interpreta música con un theremín, instrumento pionero y casi mágico de música electrónica.
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