ABC
En el catastrófico mosaico de abusos que impulsa la cada vez más profunda crisis de nuestras democracias, la degradación de la política exterior acumula estos días un patético protagonismo desde Estados Unidos a España. No solo se trata del recurrente empeño por forzar la política exterior a través del interesado embudo de la política doméstica, siempre tóxica, chapucera y cortoplacista. Sino que, dentro de este acelerado proceso de degradación diplomática, la política exterior ha empezado a convertirse en instrumento para negocios muy, muy particulares. No solo en lo periférico, como podría ser Azerbaiyán o incluso Guinea Ecuatorial, en todos y cada uno de nuestros grandes frentes internacionales –desde Marruecos a Venezuela pasando por la República Popular de Huawei– el Gobierno... Ver Más
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