Diario CÓRDOBA
Si es cierto eso de que cuando te mueres toda tu vida pasa delante de tus ojos, sepa que si a usted le toca como montador de guardia Rodrigo Sorogoyen contemplará sus greatest hits en un plano secuencia de unos veinte minutos, con muchas broncas, la cámara pegada a su jeta y sus allegados y un tono intenso hasta cuando se muestren los momentos en que hacía la declaración de la renta. Porque el plano secuencia y la bronca malrollera continua son la gran seña formal del cine de este madrileño exigente, ambicioso y que nunca saldrá en la lista ésa de famosos con los que uno se iría de cañas, pero que se pasea por la Croissette del Festival de Cannes con la vitola del auteur español del momento.
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