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Lo que para muchos era una estampa cotidiana del paisaje urbano se ha convertido en un serio problema. En ciudades como Logroño, el Ayuntamiento ha decidido actuar ante la creciente problemática generada por las palomas y estorninos. Esta semana ha aprobado un nuevo contrato para el control y gestión de aves urbanas, una medida que contará con una inversión de más de 300.000 euros a repartir en cuatro anualidades. La creciente presencia de palomas en los núcleos urbanos es un motivo de preocupación para muchos vecinos. En la calle San Millán, un punto de encuentro habitual de estas aves, la imagen es muchas veces desoladora: coches llenos de excrementos, bancos y aceras cubiertas de suciedad. A pesar de que los servicios de limpieza habían actuado esa misma mañana, las palomas ya habían vuelto a dejar su marca. Los residentes, los vecinos como Moisés, confirman la magnitud del problema y la frustración que genera. Asegura que la suciedad en el suelo y sobre los vehículos es una constante: "Si dejas el coche, es que lo tienes que llevar a limpiar, pero lo más rápido posible", lamenta, calificando la situación como algo "de locos". Aunque reconocen el esfuerzo municipal, que suelen acudir a limpiar la zona con asiduidad, creen que se necesita una solución más contundente. El problema va más allá de la suciedad y los daños estéticos, llegando a generar problemas de salud entre los residentes. Es el caso de Bonifacio, quien ha contado cómo su mujer sufrió las consecuencias directas. "A mi mujer le cagaron unas palomas, que al final le salieron hongos en el cuello, en todo sitio, tuvo que ir al médico", relata el vecino, evidenciando la gravedad que puede alcanzar la situación. Los excrementos de las palomas pueden convertirse en un importante riesgo para la salud. Al acumularse, pueden generar bacterias, hongos y parásitos que afectan especialmente a personas mayores, niños o personas con problemas respiratorios. Además, cuando se secan, generan un polvo que puede suspenderse en el aire y ser inhalado sin darse cuenta. A los riesgos sanitarios se suma el daño que provocan en edificios y mobiliario urbano. Sus heces son muy corrosivas y deterioran con el tiempo materiales como la piedra, la pintura o los tejados de elementos históricos, así como la carrocería de los vehículos. Lo que empieza como una simple molestia se convierte en un problema de mantenimiento que cuesta mucho dinero solucionar. La situación también afecta a la vida diaria dentro de los hogares. Muchos vecinos de Logroño sufren la suciedad en sus propias terrazas, balcones y ventanas, hasta el punto de no poder tender la ropa. Algunos han tenido que instalar pinchos o redes para evitar que las palomas aniden, generando además malos olores y un deterioro constante. Por todo ello, el objetivo del consistorio es encontrar un equilibrio para controlar la población de estas aves sin causarles daño, pero evitando que la situación siga creciendo. Las ordenanzas municipales recuerdan que alimentar a estos animales en la vía pública está prohibido y puede acarrear sanciones de hasta 600 euros.
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