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"Explotar burbujas activa en nuestro cerebro mecanismos similares a los de las pelotas antiestrés; reside en la combinación del sonido, la sensación al presionar y la gratificación tras el estallido" | Collector
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"Explotar burbujas activa en nuestro cerebro mecanismos similares a los de las pelotas antiestrés; reside en la combinación del sonido, la sensación al presionar y la gratificación tras el estallido"

Explotar plástico de burbujas, girar un bolígrafo entre los dedos, jugar con un mechón de pelo o hacer garabatos. Son gestos automáticos que muchas personas realizan sin darse cuenta y que, lejos de ser una simple distracción, cumplen una función cerebral muy concreta. Este tipo de movimientos, conocidos como 'fidgeting', son una forma inconsciente de proporcionar al cerebro un estímulo sensorial repetitivo que le ayuda a regularse. Así lo explica la divulgadora científica Teresa Arnandis, doctora en Biomedicina, quien señala que el acto de explotar burbujas, conocido como “bubble wrap popping”, activa en el cerebro “mecanismos similares a los de las pelotas antiestrés o los juguetes sensoriales”. Según la experta, estas actividades, que se traducen como “inquietud o moverse de forma repetitiva”, pueden “ayudar al cerebro a mejorar la concentración y reducir la ansiedad”. La clave, según Arnandis, reside en la combinación de estímulos sensoriales. “La clave está en la combinación de estímulos”, explica, detallando que “el sonido seco del ‘pop’, la sensación táctil al presionar y la gratificación inmediata que obtenemos tras cada estallido” generan una respuesta placentera. En definitiva, para la experta, “reventar burbujas es una especie de juego para adultos que, más allá de la diversión parece cumplir una función reguladora real en nuestro estado mental”. El potencial de esta sensación es tal que incluso se ha replicado en experiencias de realidad virtual. Un estudio de 2024 publicado en 'Scientific Reports' describe su uso como terapia motora para personas con movilidad reducida en los brazos, que deben moverlos para explotar burbujas virtuales como forma de entrenamiento. Los efectos positivos del 'fidgeting' están respaldados por la ciencia. Una investigación de la Universidad de Auckland y el Instituto de Investigación Médica Matai en Nueva Zelanda ha demostrado que estos movimientos mejoran la actividad cerebral relacionada con la concentración y la toma de decisiones. El estudio, liderado por Justin Fernández y Samantha Holdsworth, concluyó que la inquietud incrementa el flujo sanguíneo en la corteza prefrontal del cerebro, un área clave para la atención. Aunque la investigación se centró inicialmente en personas con TDAH, los resultados preliminares también se observaron en la población general. Esto sugiere que los beneficios del fidgeting podrían ser universales, ayudando a cualquiera a mantener la atención ejecutiva en diversas tareas. Además de la concentración, el 'fidgeting' también se ha estudiado como una herramienta para reducir el estrés. Un estudio clásico del psicólogo KM Dillon analizó si reventar plástico de burbujas podía aliviar el estrés en estudiantes universitarios. Los resultados mostraron que, tras manipular este material, los participantes afirmaron sentirse más calmados, menos cansados y con mayor energía. El estudio de Dillon destacaba además las ventajas de esta técnica frente a otras más complejas. Reventar burbujas no requiere entrenamiento, es accesible y no provoca los efectos paradójicos que algunas personas experimentan con técnicas de relajación más estructuradas. Por tanto, estos gestos repetitivos son respuestas inconscientes que el cerebro utiliza para autorregularse y mantener el equilibrio.

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