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Las palomas forman parte del paisaje urbano, pero su creciente presencia se ha convertido en un problema cada vez más serio para muchos ayuntamientos. En ciudades como Logroño, estas aves encuentran fácilmente alimento y refugio, pero su proliferación causa suciedad acumulada y el deterioro de edificios históricos y viviendas. La preocupación es especialmente notable entre los particulares, que ven cómo sus balcones son colonizados por las palomas, generando grandes cantidades de suciedad. Emilio Ruiz Aguirre, director técnico de la empresa riojana Tratamientos Control, ha confirmado un notable aumento en el número de consultas. Según el experto, las llamadas de vecinos buscando información y presupuestos para controlar la población de estas aves se han disparado, pasando de 2 o 3 a la semana a 10 o 12. Para solucionar el problema en los domicilios, los métodos disuasorios más habituales son los pasivos o de exclusión. Entre ellos se encuentran la colocación de pinchos, redes o tensores para evitar que las aves se posen en los balcones y cornisas. También existen soluciones más profesionales, como ahuyentadores acústicos y visuales o repelentes químicos, aunque estos últimos suponen un mayor coste de mantenimiento. Para grandes poblaciones, los ayuntamientos pueden autorizar la "captura de gran volumen de palomas" o el uso de piensos para el control de fertilidad. Cuando la plaga ya se ha instalado, la limpieza de los excrementos es una tarea delicada que requiere un procedimiento específico para garantizar la seguridad. Emilio Ruiz Aguirre explica que los profesionales deben usar equipos de protección individual (EPI), como mascarillas y guantes. El proceso consiste en humedecer la suciedad con biocidas desinfectantes, dejar actuar unos diez minutos para ablandarla y, finalmente, proceder a su retirada con espátulas o palas. La acumulación de excrementos puede alcanzar niveles alarmantes en algunos casos. El director técnico de Tratamientos Control relata haberse encontrado con situaciones críticas, especialmente en segundas residencias, con "capas hasta de 10 centímetros de excremento". La situación más grave la vivió en una propiedad deshabitada, donde los profesionales encontraron una montaña de medio metro de altura de excrementos de paloma en un balcón. Aunque para muchos vecinos la presencia de palomas se ha convertido en un problema cotidiano, los expertos recuerdan que actuar a tiempo es clave para evitar males mayores. Detrás de una simple mancha en el coche o de unos excrementos en el balcón puede esconderse un problema sanitario y de convivencia mucho más serio. Las palomas siguen sobrevolando tejados, balcones y coches… dejando claro que la batalla por controlar su presencia en la ciudad está lejos de terminar. Para atajar la situación, el Ayuntamiento de Logroño ha dado luz verde a un nuevo contrato de más de 300.000 euros para controlar y gestionar las aves urbanas durante los próximos cuatro años. Además, las ordenanzas municipales prohíben alimentar a estos animales, con sanciones de hasta 600 euros.
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