El Plural
El flamenco ha tenido una cita con aquellos comprometidos con su futuro en el Teatro Central de Sevilla, escenario de la final del III Premio SGAE de Flamenco Paco de Lucía. Una edición que llega a finales de mayo pero que estaba prevista para febrero, teniendo que posponerse por los temporales que azotaron Andalucía. Meses después, el concurso retomó su pulso con la idea intacta: escuchar hacia dónde mira hoy la creación flamenca. Impulsados por la Fundación SGAE junto al Instituto Andaluz del Flamenco y la Fundación Paco de Lucía, estos premios nacen con la vocación de reivindicar la composición como motor esencial del flamenco contemporáneo. No se trata solo de reconocer intérpretes, sino de poner el foco en quienes escriben, imaginan y expanden el lenguaje desde la raíz, entendiendo el género como un territorio vivo y en constante transformación. En este contexto, el nombre de Paco de Lucía funciona como brújula simbólica y declaración de intenciones. Su legado, profundamente anclado en la tradición, pero siempre inclinado hacia la ruptura, atraviesa el espíritu de un certamen que busca precisamente ese equilibrio entre memoria e innovación. De las 45 obras inscritas en esta edición, ocho alcanzaron la final. Ocho propuestas muy distintas entre sí, atravesadas por diferentes sensibilidades, formatos y maneras de entender la guitarra flamenca. Guitarras solistas, percusión, contrabajo o sonoridades orientales convivieron en una misma noche marcada por la búsqueda y la experimentación. Entre compás y ruptura La final arrancó desde la sobriedad más clásica con las actuaciones de Luis Medina y Juan Antonio Moya, ambos solos sobre el escenario, acompañados únicamente por sus guitarras. A partir de ahí, la noche comenzó a abrirse hacia otros territorios sonoros. Así, Chico Gallardo presentó Creencias, mientras que Juan Diego Mateos defendió Variaciones de una promesa desde una propuesta melódica y profundamente atmosférica. Por otro lado, Antonio González incorporó la percusión de Kike Terrón para ampliar el discurso flamenco sin desprenderse del compás tradicional. Uno de los momentos más celebrados llegó con el onubense Francis Gómez y Ribera del Tinto, acompañado por Pablo Báez al contrabajo y Lito Mánez a la percusión. También destacó la propuesta de Luis Gallo con Perdido en Lavapiés, una pieza atravesada por referencias urbanas y contemporáneas. La actuación más singular de la noche llegó de la mano de Melón Jiménez y Seguiriya de la seda, donde el diálogo entre la guitarra flamenca, una flauta bansuri y una tabla india, elementos que dibujaron una de las propuestas más arriesgadas del certamen. Más allá de los estilos y formatos, todas las composiciones compartían una misma intención: entender el flamenco como un lenguaje abierto. Algunas piezas se aferraban a la raíz desde el respeto más ortodoxo; otras se acercaban a territorios cercanos al jazz, la música mediterránea o las sonoridades del mundo. La mirada del jurado con sabor agridulce El veredicto del jurado, integrado por Gerardo Núñez, Juan Carlos Romero, Rosario "La Tremendita" y Lucía Sánchez Varela, con el asesoramiento del cantaor y compositor Francisco José Arcángel, se dio a...
Go to News Site