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'Dinamarca': el extraño prestigio de Lluïsa Cunillé | Collector
'Dinamarca': el extraño prestigio de Lluïsa Cunillé
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'Dinamarca': el extraño prestigio de Lluïsa Cunillé

Lluïsa Cunillé es como las películas de Eric Rohmer o las canciones de Leonard Cohen : o te gustan mucho o te parece escuchar siempre los mismos estribillos. La dramaturga ama el ocultamiento, las brumas y los personajes aturdidos por la memoria que no verbalizan su desasosiego. El octubre de 2025 vimos ' Boira ' (Niebla), una pieza de 2014: ocho meses después llega a La Beckett otro texto de aquella época: ' Dinamarca '. La escenografía de ambos montajes es casi idéntica: estancia de tonalidades grisáceas, moqueta, un sofá, dos puertas, ventanal, radiador y pequeño televisor. 'Niebla' transcurría en una ciudad del Este europeo tras la caída del Muro; 'Dinamarca' en un desangelado apartamento del centro de Copenhague. Las sórdidas existencias de sus inquilinos revelan ritos de paso similares. 'Niebla' la protagonizaba un matrimonio que alquila una habitación a una viajera; en 'Dinamarca' una madre anciana y su hijo comparten una supervivencia precaria y una tensa relación emocional que se complica cuando llega una carta que les conecta con los fantasmas familiares. Advierte el director que, como sugiere el título, estamos ante el ' Hamlet ' de Cunillé, una reescritura del mito: el hijo que interpreta magistralmente Pere Arquillué sería una versión más cutre del príncipe de Dinamarca. Este Hamlet intercambia con la autora de sus días (convincente Imma Colomer ) diálogos anodinos como si ha comido o qué echan por la tele; se limpia del polvo de los zapatos con escupitajos y los lustra con los calcetines hasta que llega el momento de plantearse, a su manera, el ser o no ser. Sea en la niebla poscomunista o en esta Dinamarca de felicidad aparente y vidas sórdidas, Cunillé toca de nuevo los mismos acordes. «Soy el monstruo de la ambigüedad y la indefinición», confiesa el hijo a la madre cuando esta le reprocha que nunca haya llegado a nada en un sinfín de trabajos. Y de esa ambigüedad e indefinición se alimenta el teatro de Cunillé: a unos nos parecerá que con demasiada reiteración; otros verán el sello dramático de una autora personalísima. Si algo salva a esta 'Dinamarca' es el trabajo de Arquillué y Colomer. La excelencia actoral cimenta el extraño prestigio de Lluïsa Cunillé .

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